LA CORRUPCIÓN LÍCITA

La luz ideológica de Pedro Sánchez ya no está en Suresnes. Este nuevo PSOE no se inspira en los padres de la socialdemocracia europea. No tiene sus cimientos en Bebel y Kautsky, en Lafargue y Guesde, en Iglesias y Prieto. Ni siquiera recuerda a González. Qué va.

Ha evolucionado, como es lógico en cualquier partido vivo y fuerte, hacia un nuevo modelo más realista y contemporáneo. El nuevo faro del sanchismo es Jennifer López, creadora del gran lema socialista moderno: «No he cometido ningún delito, lo que hice fue no cumplir la ley».

Este es el mantra que ha difundido Ferraz para aguar el latrocinio de los ERE y para sentarse a negociar la muerte de España con el preso Junqueras. Porque el PSOE jamás delinque, nunca defrauda, es incorruptible. Un trilero del PSOE ayuda al pueblo a obtener ganancias rápidas, mientras que uno del PP lo estafa por su egoísmo y codicia.

Cuando Aznar firmó el Pacto del Majestic con Pujol, los socialistas denunciaron una afrenta al principio de solidaridad con las regiones más pobres del país. Cuando Sánchez negocia la llave de La Moncloa en la sala de visitas de la cárcel de Lledoners, está tratando de salvar a España del neofascismo.

Cuando los corruptos del PP desviaron 70 millones en la trama Gurtel hubo una moción de censura contra Rajoy porque el robo provocaba «bochorno, incredulidad e indignación». Sánchez dixit. «La sentencia de la Audiencia Nacional exige la dimisión inmediata» porque «su sola permanencia en el cargo debilita la democracia», entonó el doctor desde el hemiciclo con melodía de sultán de la moralidad.

Cuando la Audiencia de Sevilla ha condenado a 19 popes del socialismo andaluz, entre ellos dos expresidentes de la Junta, por desviar 680 millones de euros, nadie se enriqueció, sólo se creó una fórmula para poder atender a las miles de criaturitas que se iban a quedar sin trabajo en Andalucía y que se prejubilaron honestamente.

No hubo pasteleo entre los políticos, los sindicatos y los empresarios para la creación de una inmensa red clientelar que, además, permitió que algunos se pegaran juergas a golpe de coca y que se les solucionara la vejez a más de cien afiliados o familiares del partido. Eso no ocurrió. Lo que pasó es que Chaves y Griñán se dejaron el alma para solucionar los problemas de la gente.

Este es el escándalo mayor. No el saqueo grandioso del erario: la proclamación pública y sin complejos de que el fin justifica los medios. La superioridad moral socialista puede con la ley, con el sentido común y con lo que le echen. Según su nueva teoría política, la derecha es corrupta por antonomasia y la izquierda es salvadora por definición. Si la derecha hace el bien, nos está ocultando algo que nos perjudicará en el futuro.

Si la izquierda hace el mal, es para sacarnos del agujero de cieno en el que nos hunde el capitalismo. Los cuatro listos que ayer se libraron de la prisión por los ERE son mártires que no tienen que dar ejemplo porque para dar ejemplo ya está la Pantoja, que robó menos pero era famosa y, por lo tanto, carne de cárcel.

El sanchismo nos está intentando persuadir, mientras se abraza a los enemigos de la democracia, de que existe una corrupción lícita. Trata de convencernos de que hay fraudes necesarios. Sigue a rajatabla el mandato equilibrista de Jennifer López: ni cumple la ley, ni comete delitos.

Sánchez nos humilla tanto como nos desconcierta. Es tan cínico que ya no podemos saber si lo suyo es inteligencia sin principios o mera caradura desmadrada. Lo que sí sabemos ya es que tanta superficialidad tiene que venir de un lugar muy profundo al que los demás no podemos alcanzar.

Alberto García Reyes ( ABC )