LA CORRUPCIÓN VUELVE A MANCHAR AL PSOE

LA CORRUPCIÓN política es una gangrena que socava la confianza de los ciudadanos en la democracia y deslegitima todo el sistema. No extraña que, después del interminable rosario de escándalos de estos últimos años, para el 88% de los españoles sea el segundo problema de nuestro país, solo por detrás del paro. Pero lo más indignante es que los partidos siguen sin aprender la lección, como demuestra el caso que desembocó ayer en la detención del presidente de la Diputación de Valencia, el socialista Jorge Rodríguez, y de varios de sus colaboradores.

La Justicia investiga una trama de contratos duplicados y fraccionados -para evitar los controles- mediante la cual el dinero de los ciudadanos podría haber acabado en la caja del PSOE valenciano y de Compromís, que coparon la Administración valenciana hace tres años ondeando la bandera de la regeneración y tras la debacle histórica del PP, enfangado en innumerables casos de corrupción sin salir de esa autonomía.

Rodríguez está señalado, además, por la contratación irregular en 2015 de personal de alta dirección en Divalterra, la empresa pública de la Diputación encargada de las brigadas forestales. Se da la bochornosa circunstancia de que Divalterra es el nombre con el que socialistas y Compromís rebautizaron la empresa Imelsa, uno de los epicentros de las tramas de los populares. Nos encontramos así con algo tan descorazonador como que unos y otros sin distinción de sigla acaban participando de los mismos métodos para financiarse ilegalmente.

Recordemos que también en Valencia está muy avanzada la investigación judicial por una trama de falsificación de facturas del PSPV y el Bloc para afrontar la campaña electoral de 2007. O la izquierda no escarmienta en cabeza ajena o su regeneracionismo esconde un cinismo insoportable. Cabe afear al PSOE la escasa sinceridad de su interés en combatir esta lacra, a pesar de tanta sobreactuación en la oposición y de que Pedro Sánchez habite hoy en La Moncloa por descabalgar a Rajoy en una moción de censura con el argumento exclusivo de que el presidente estaba asediado por una corrupción que le inhabilitaba para seguir en el poder.

La primera reacción -con la salvedad del ministro Ábalos- fue la de enrocarse y blindar al presidente de la Diputación, fiándolo todo a lo que diga la Justicia, aunque por la tarde reinó la cordura y el político detenido fue suspendido de todos sus cargos en el partido, pese a la resistencia de Ximo Puig. Es de elogiar la rapidez de esta decisión. El ciudadano no hubiera entendido otra cosa tras el discurso regeneracionista con el que el PSOE ha llegado al Gobierno. Ahora bien, la detención del alcalde de Onteniente y otros casos conocidos en estas semanas nos hacen ver que la izquierda no es ajena a la corrupción, en una región, además, ya suficientemente castigada por las malas prácticas cuando gobernaba el PP. También urge una limpieza en el PSPV y en Compromís.

El Mundo

viñeta de Linda Gamor