LA CORTINA DEL TEMPORAL GLORIA

Según el diccionario de la Real Academia Española -otro nido de fascistas, como el Tribunal Supremo- el verbo rebelar puede tener dos significados. Como verbo transitivo es «sublevar, levantar a alguien haciendo que falte a la obediencia debida» y como verbo pronominal es «oponer resistencia».

Así que habrá que reconocer, después de la sentencia de ayer del Tribunal Supremo, que lo que Quim Torra está haciendo es rebelarse contra la sentencia del más alto tribunal de justicia. No sé si rebelarse contra lo que dicta el Supremo es un delito de rebelión, de sedición o una falta menor, como la que te ponen las autoridades de tráfico por superar el límite de velocidad. Pero creo que es muy grave.

Como pudimos comprobar ayer, la sentencia del Supremo y este acto de rebeldía de Torra no llevaron a Sánchez a anunciar que suspendía su encuentro con el condenado. Amparado por la visita a las víctimas del temporal Gloria, que tanta desgracia ha causado en el Mediterráneo español, se limitó a decir que no era el momento para hablar de la visita programada para dentro de dos semanas.

Para decir «no voy a ir» sólo hace falta segundo y medio. Tres segundos si se pronuncia de forma extremadamente cadenciosa. Pero el gran cambio que vivimos es que, por primera vez en su historia, España tiene un Gobierno que ignora las sentencias de los tribunales. Pero no las de un juzgado de primera instancia: las sentencias del Supremo.

El temporal Gloria, que tanta desgracia ha generado a miles de españoles, ha sido una bendición para la intoxicación y propaganda del Gobierno Sánchez. El Telediario de las tres de la tarde de ayer pudo dedicar el primer cuarto de hora a las imágenes de la desgracia. La sentencia del Supremo contra el interlocutor privilegiado del Gobierno podía esperar. Porque no saben qué hacer. Un Gobierno digno de ese nombre empieza por hacer cumplir la ley y las sentencias. Y este Gobierno no piensa hacer ni lo uno ni lo otro.

Este Gobierno que se salta la ley tuvo ayer otro contratiempo relevante. La Junta Electoral Central condenó al presidente del Gobierno y a la entonces ministra portavoz, Isabel Celaá, a multas de 500 y 2.200 euros por hacer un uso partidista de las instituciones en periodo electoral. Ya comprendo que la cifra no es de un monto escandaloso. Pero aquí lo importante es el fuero y no el huevo.

¿Cuántas veces hemos oído hablar del abuso de las instituciones que supuestamente hacía «la derecha»? Pues por ahora a quien han condenado es al mismo presidente del Gobierno que, casualmente, desoye las sentencias del Supremo. Imagínense la tamborrada que estaría sonando en las tertulias al rojo vivo si esa condena hubiera sido contra Mariano Rajoy e Íñigo Méndez de Vigo. Europa se les quedaría pequeña para salir corriendo. Pero para Sánchez y Celaá y con la tormenta Gloria, ésa es una información menor, que no amerita mayor comentario en las tertulias políticas amaestradas.

El grado de degeneración de nuestra democracia hoy es extremadamente preocupante. Los signos de calidad democrática más básicos se incumplen en nuestro país: el Gobierno ignora las sentencias, cosa que no ocurre ni en las dictaduras comunistas porque allí ya han puesto al frente de la Judicatura a sus leales. Y el Gobierno emplea el aparato del Estado para hacer propaganda a su favor. Y eso sí que ocurre en las dictaduras de toda laya. Siento insistir, pero no paramos de mejorar.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )