La Cosa nostra en España, empieza a ser cosa suya, porque cuando para ocultar la sangre de las víctimas de ETA basta con que los funerarios de la banda aprueben los presupuestos del hombre menguante que en cada gesto de indignidad se hace más pequeño, empieza a resultar difícil distinguir al culpable del cómplice.

Los mafiosos italianos eligieron la expresión Cosa nostra para definir con absoluta precisión la naturaleza de su actividad criminal y acertaron, porque su código exige lavar los trapos sucios en casa, aunque estén manchados de sangre, huelan a dinero sucio o sirvan de sudario para un hombre que, según sus reglas, mereció morir, pero como ha declarado el jefe Arnaldo Otegui “Si para que salgan 200 presos hay que votar los presupuesto, los votamos”. Es decir, si hay amnesia habrá presupuestos.

La continuidad del gobierno de Sánchez está en las manos manchadas de Arnaldo Otegui, que ya le ha ofrecido su apoyo para que siga ocho años más en la Moncloa, que es el tiempo que necesita el ex etarra para llegar a ser Lendakari en Ajuriaenea.

El problema de Sánchez está en su falta de credibilidad porque ha prometido tantas veces que no hará cosas que luego ha hecho que su palabra no sería admitida como aval ni en el Casino de Torrelodones.

De la misma forma que cada día tiene su afán, Pedro Sánchez tiene su contradicción y lo acredita no solo con sus socios parlamentarios a las que protege para que un Diputado de Podemos, condenado en firme por el Tribunal Supremo, no cumpla la pena que el Alto Tribunal le ha impuesto, sino que además se cisca otra vez en la división de poderes-

La defensa del foro, y sobre todo el huevo, convierte a ciertos políticos en gentuza cuando ser gente es lo único digno posible.

Algún dia, pasados los años, habrá políticos que intentarán recuperar la dignidad perdida de al menos dos de los tres poderes del Estado; el ejecutivo y el legislativo.

Diego Armario