LA CREDIBILIDAD DE UN MENTIROSO COMPULSIVO

En la desconcertante precipitación que acompaña al siglo, donde las cosas son tan rápidas como evanescentes, se abre tiempo de quinielas tras las elecciones y «el pacto del abrazo del oso». Se aventuran semanas vaticinando quiénes formarán parte de un gobierno que, a diferencia del fundacional del sanchismo, nadie se atreve a motejar de «bonito», entre otras cosas porque fue el propio Sánchez el que dijo que con Iglesias en La Moncloa le iba a ser imposible pegar ojo.

Llevamos apenas tres días desde las últimas urnas y ya se pronostican al menos tres vicepresidencias, a este paso más jefes que indios. Sánchez se comprometió a hacer a Nadia Calviño vicepresidenta económica hace apenas diez días, en el debate televisado.

Como Iglesias puso mala cara, desde anteayer sabemos que el ilustre vecino de Galapagar también será vicepresidente, para insomne desasosiego de Sánchez si hacemos caso de la excusa que puso antes para no pactar con él. Y como algunos en el PSOE también fruncieron el ceño por el fichaje del podemita para La Moncloa, ayer se daba por seguro que Calvo seguirá siendo vicepresidenta para actuar de contrapeso a Iglesias.

Surgirán nuevos nombres pero pongan todos en cuarentena. Sánchez ha batido la plusmarca mundial de contradecirse. Recuerden que primero vio rebelión y luego sedición en los golpistas; que dijo que nunca gobernaría con quien afirme que hay «presos políticos» en España (como sostiene Iglesias); que jamás se apoyaría en partidos secesionistas para alcanzar el poder; que con menos de 130 diputados no se puede formar gobierno (tiene diez menos)…

Y paremos porque todo en Sánchez es una enmienda a la totalidad a su corpus declarativo, tan frondoso y fiable como el de un charlatán de feria y que él se esmera en descuartizar para salir del paso en una urgencia de última hora.

No sorprenden a estas alturas las nuevas mentiras ni los intentos de engaño masivo, sorprende el desvergonzado desahogo con que encadena las trolas que alumbra tomando por idiotas a todos los españoles.

Por eso, insistimos, no conviene hacer mucho caso al chaparrón de nombres ministrables o vicepresidenciables, porque hablamos de la credibilidad de un mentiroso compulsivo.

Alvaro Martínez ( ABC )