Pedro Sánchez tiene un gobierno y una cuchipandi de gentecilla menor que ha prosperado en todos los terrenos imaginables menos en uno: ignoran lo que es el compromiso con las cuestiones del Estado y actúan con el descaro de los trileros.

En los gobiernos de España ha habido de todo: listos , preparados, inútiles,locos e incluso personajes de opereta, pero para que llegasen a portar una cartera con el título de ministro o ministra de se necesitaba algo de conocimiento, experiencia, clase y lealtad al proyecto, pero desde que se incorporaron al ejecutivo de Sanchez algunos personajes  pasaron de Mercadona o de una asamblea al coche oficial resultan incontrolables, aunque no imprevisibles.

En la historia de España no es la primera vez que alguien es ministro por error pero incluso esos casos el designado tenía currículo y dignidad para el cargo, como es el caso  de Julio Rodríguez Martínez, ministro de Educación con Franco porque uno de sus nietos le dijo que el Rector de su Universidad tenía muy mala leche. Se refería a Sánchez Avesta que había sido sustituido por el tal Julio y al final pilló un ministerio.

Hoy vale cualquiera para ser ministra de Sánchez. Irene Montero es la prueba más palmaria porque ni siquiera se ha rodeado de colaboradores competentes.

Le ha bastado que sean amigas, alguna con un currículo de delitos y condenas, agitadoras tipo Femen con los pechos al aire, expertas en cuidar niños de la jefa dispuestas a irse de viaje a los Estados Unidos para protestar contra la decisión del Tribunal Supremo sobre el aborto.

Sobre este tema de debate y confrontación en los Estados Unidos todo el mundo puede opinar pero solo pueden decidir ellos y el Tribunal Supremo. Si al menos se hubiesen reunido con Congresistas o Jueces, aunque en esos asuntos no admiten injerencias, habría estado justificado pero se trataba de una excursión de amiguitas que quieren completar su album de fotos.

Ha llegado la hora de avergonzarse si alguien te nombra ministro , salvo que seas de Podemos.

Diego Armario