LA CULPABILIDAD DEL IMPUTADO

Sabemos del doble rasero que aplican la izquierda y sus medios afines a la ética y la moral públicas. Pero el caso de la imputación de las expresidentas de la Comunidad de Madrid ha traído un nuevo ejemplo que supera todo lo que yo había conocido hasta ahora. Los portavoces del PSOE, Podemos y Más Madrid salieron en la Asamblea a hacer declaraciones conjuntamente a los medios de Comunicación.

Tiene delito que Ángel Gabilondo, representante en la Cámara del partido con el caso más grave de corrupción en la democracia, el de los ERE andaluces -del que seguimos esperando sentencia casi un año después de que terminase el juicio- tenga el valor de dar lecciones sobre corrupción a nadie.

Pero casi peor es lo de los otros dos partidos que fueron uno hasta hace un rato. Cuando Errejón era alto cargo de Podemos se descubrió cómo robaba al erario público cobrando una beca a la que no tenía derecho. Pero nadie en sus filas -ni en la mayoría de los medios de comunicación- se lo echó en cara.

Y cada vez que algunos lo recordamos, se nos dice que somos unos pesados. Sí. Lo somos porque el señor Errejón sigue en primera línea y su electorado le premia su corrupción. En otros ámbitos de la política, esas actuaciones tienen un coste del que es casi imposible recuperarse.

Pero lo mejor del caso lo dijo ayer el propio Errejón al afirmar como prueba de merecer el fuego del infierno, que todos los expresidentes del PP de la Comunidad de Madrid han sido imputados. Y estará encantado con su frase, porque es verdad. Pero el sentido que él le atribuye es mentira flagrante.

Porque Errejón y sus compañeros de ruta han hecho del ser imputado una prueba incuestionable de culpabilidad. Y a día de hoy y con el ejemplo puesto por Errejón, hay pruebas irrefutables de que eso es mentira. Pero da igual, porque la frase es contundente y daña al rival.

Alberto Ruiz-Gallardón es hoy un ciudadano libre de cuentas ante la Justicia. Fue imputado, sí. Y su caso no llegó a ser juzgado y él declarado inocente porque el juez lo archivó por falta de pruebas. Pero eso da igual para Errejón y los que jalean su mensaje.

Aunque el juez comprobase su inocencia, Gallardón es culpable porque estuvo imputado en su día. Ya nos hemos olvidado de que la figura de «imputado» no existe. Se suprimió del código penal. Hoy en día se es «investigado». Pero eso no rinde suficientes beneficios desde los medios en los que se quiere tergiversar la verdad.

La izquierda hace ese juego de doble rasero que jamás permitiría que se aplicase contra los suyos. Y Albert Rivera se suma a él. Cuando el pasado lunes reapareció en Onda Cero tras un verano inigualable y proclamando que «España suma, la corrupción resta», quedó claro que él se va a subir al barco de atacar a su socio de la hora presente en gobiernos como los de las comunidades de Andalucía y Madrid como nunca lo hizo con el Gobierno andaluz cuando Ciudadanos formaba parte de él y dos expresidentes de la Junta estaban camino del banquillo y sentados en él. La gravedad de la corrupción depende de quién sea el acusado.

Otrosí: Como apuntaba ayer el presidente de la Junta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, se puede apostar a que ni Aguirre ni Cifuentes se han llevado un céntimo a su bolsillo. El dinero desviado se habría utilizado para financiar el partido, lo que sigue siendo un grave delito. Lo que yo me pregunto es por qué seguimos sin buscar un modelo de financiación que permita sobrevivir a los partidos de Gobierno con las manos limpias. A todos ellos.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )