La mera posibilidad de que los cambalaches negociadores del independentismo catalán permitan a un partido antisistema como la CUP acceder a la presidencia del Parlament debe poner en alerta a cualquier defensor de la democracia.

La CUP es un partido de extrema izquierda que presume de acceder a las instituciones para tratar de destruirlas desde dentro.

Basta recordar que simpatiza y se identifica con Bildu. Si para que ERC pueda gobernar la Generalitat contando con los votos de la CUP el precio a pagar es la presidencia de una institución que, como se ha visto, puede llegar a convocar las elecciones, la degradación del sistema político en esa autonomía está garantizado.

La CUP no respeta nada. Desde las tradiciones políticas al uso en un parlamento hasta la propia legalidad, nada le vale.

Abogan directamente por la supresión de la democracia, y sus postulados, los propios de una dictadura, son los que aplicaría al frente del Parlament.

Es para asustarse.

ABC