Sánchez, el derrotado de ayer, todavía no es consciente de su enorme debilidad. Él actúa como si tuviese mayoría absoluta y ha decidido no escuchar ni a los suyos.

Lo que ocurrió ayer en el Congreso de los Diputados lo pudo evitar, ya que hacía tiempo que le venían advirtiendo de ello. Incluso Abel Caballero, su alcalde estrella, sabía que era un error, aunque lo apoyase públicamente, llevarse los ahorros de los ayuntamientos.

Hay demasiada tarea pendiente en las ciudades y en los pueblos como para hurtarles recursos a los municipios. Además, Sánchez tiene que darse cuenta de que sus votantes no están de acuerdo con sus guiños a los filoetarras y a los independentistas.

Esa es su fuente de mayor vulnerabilidad y origen de todas las discordias. Podría seguir haciendo esa política temeraria si tuviésemos vientos de cola en la economía, pero con la crisis que viene -en realidad ya está aquí- el plato de lentejas va a volver a tener más valor que nunca y frivolizar con unos partidos que apenas representan el nueve por ciento de la población es padecer una mala relación con la realidad de España.

El Astrolabio ( ABC )