LA DECISIÓN DEL REY

Los políticos españoles actuales, sean de la ideología que sean, se distinguen, salvo raras excepciones, por ser intolerantes, por ser sectarios, por no saber negociar, por ser ególatras, por ser incultos, por poner el interés de su partido por encima del interés general y, last but not least, por no cumplir debidamente las normas, empezando, claro está, por la Constitución. En otras palabras, si nos atenemos a lo que ha sucedido en los últimos cuatro años en nuestro territorio, no hay más remedio que concluir que lo que resulta de sus actuaciones es que aceptan una España imposible.

De ahí que el ideal sería cambiar los políticos actuales por otros que tuviesen un nivel más profesional, en todos los sentidos. Pero eso no es posible porque, como señaló Indro Montanelli desde su observatorio italiano, «lamentablemente una clase dirigente no se improvisa».

Por lo tanto, no tenemos más remedio que arar con los bueyes que tenemos. Circunstancia que resalta más aún si comparamos a los políticos con nuestros deportistas, los cuales con figuras como Rafael Nadal, los hermanos Gasol, Sergio Ramos, Carolina Marín y un largo etcétera, que han situado a nuestro país en lo más alto del universo deportivo. Esta contraposición, curiosamente, también se da en Argentina, país brillante en los deportes y un desastre absoluto en lo que se refiere a su clase política.

Sea como fuere, la penosa situación en la que nos encontramos no se debe al fracaso de nuestro régimen constitucional, que, por supuesto, no es perfecto y se podría mejorar, sino a la conducta de nuestros políticos, comenzando naturalmente por los dirigentes de los partidos.

Para demostrar mis afirmaciones, no puedo hacer aquí un análisis crítico de los últimos cuatro años, lo que exigiría casi un libro, sino que me limitaré, ante el turno de consultas de los representantes de los partidos con el Rey, que empieza hoy, a explorar qué solución es mejor para España, partiendo de la idiosincrasia particular de nuestros políticos, cuyos rasgos negativos más significativos ya señalé al principio.

Jorge de Esteban ( El Mundo )