LA DERECHA BICÉFALA

Mariano Rajoy ha bebido algunos sorbos de agua, pero no ha sido para calmar el estrés. El presidente no dio síntomas de haber leído en las paredes de Génova aquel “mane, tecel, fares” que el profeta interpretó como un anuncio del fin; estaba muy tranquilo ante la Directiva nacional. Dijo: “La economía española superó la crisis y 2018 será el quinto año de crecimiento. (…) El objetivo es alcanzar los 20 millones de puestos de trabajo a finales del 2019”.

El presidente del Gobierno ha insistido en prolongar su estilo, basado en la doctrina que concede primacía a los factores económicos sobre los hechos históricos. Otra vez manifestó cierto desprecio a todo debate teórico. Ni siquiera puso más énfasis en la descomposición de la intentona independentista de Cataluña que en el éxito económico de su gestión. Anunció que paralizará la posible investidura de Puigdemont y que el 155 seguirá en vigor hasta que haya nuevo presidente de la Generalitat.

El prófugo de Flandes es un himno destruido, líder de un partido condenado a pagar 6,6 millones de euros por el saqueo del Palau en la época en la que los ladrones se taparon la cara con la estelada. La afición esperaba la respuesta que llegó: según el Ejecutivo, se impedirá la pantomima de una investidura con lenguas de fuego. También suponían que habría respuesta a la tarascada de Ciudadanos, que se ha llevado parte del cuerpo del PP. Pero Rajoy destacó que, por primera vez, ha ganado las elecciones un partido constitucionalista.

Los áulicos no le dan tanta importancia como tiene al mordisco de Ciudadanos. Dicen que Albert Rivera será rival en las grandes ciudades, no en las pequeñas ni en la España rural. “No pasa nada -comenta el círculo del poder-. Cuando los vientos arrecian, hay que bajar las velas y esperar a que pase el temporal. Albert Rivera no gobierna, no se moja, sólo dice lo que la gente quiere oír”. Ven a Mariano firme en el timón, entienden que la gente capte con entusiasmo al que comienza por un cierto cansancio de lo habitual. Ya lo dijo Pompeyo: “Son muchos más los que adoran la salida del sol que su ocaso”. Y ya saben lo que les ocurre a los que están en el teorema del poder: no hay error que no encuentre defensores.

Pedro Sánchez, que ha vuelto al ruedo después de permanecer emboscado, ve una oportunidad para ganar a la “derecha bicéfala”: “La política es una carrera de fondo y a mí me gustan los maratones”, dice.

No sé si es acertada la ingeniosa metáfora del perro de Hades porque, si la derecha es bicéfala, la izquierda también lo es y, además, se van reduciendo sus tamaños.

Raúl del Pozo ( El Mundo )