Andan revueltas las terminales mediáticas de la izquierda progre con la asistencia de Pablo Casado a una misa donde pedían por el alma de Francisco Franco. Toda la vida señalando el maridaje entre el difunto Caudillo de España, la Iglesia Católica y el Partido Popular (o sea, lo que hace años empezaron a decir de Vox), y cuando los astros se alinean de modo que vienen a confirmar sus improperios, resulta que la noticia les sorprende e indigna…

De verdad, no hay quien les entienda. Bueno, en realidad sí hay algo que entendemos perfectamente: hay que hacer lo que a ellos se les antoja para ser un ciudadano democrático, progresista y ejemplar. Por ejemplo, desde el entorno de Unidas Podemos jamás pedirán una misa por Dolores Ibárruri, a pesar de morir católica y de los curas progres y exreligiosos que han campado alrededor de los restos del ya centenario Partido Comunista de España, hoy integrado en la coalición podemita y a la espera del nuevo invento que saquen para impulsar la candidatura presidencial de Yolanda Díaz. Pero que no estén por la labor de celebrar misas en recuerdo de los suyos no significa que no vayan a censurar que los ajenos sí cumplan con ello.

En cualquier caso pueden estar tranquilos los progres. Pablo Casado ha demostrado que tener tantos asesores a sueldo del erario público no sirve para ser informado de que, en el fin de semana que tradicionalmente se vienen celebrando misas en recuerdo de Francisco Franco en catedrales e iglesias por toda España, es posible que se pida durante la homilía por el alma del Jefe de Estado al que tanto ensalzaron los exministros fundadores de Alianza Popular.

Es más, ya que tanto frecuenta la misa dominical, Pablo Casado debería ser consciente de que, al menos desde la perspectiva política, el actual Partido Popular no está cumpliendo con el mandamiento divino de honrar a los progenitores, porque de ser así reivindicarían con orgullo ser herederos de Alianza Popular, en lugar de tirar balones fuera cada vez que les sacan el tema.

Con razón desde la coalición del Gobierno progre no pueden dejar de mirarles con desprecio: allí no veremos a los socialistas pedir perdón a Bildu por la cal viva de los GAL, podrán traicionar a España acercando terroristas a Vascongadas pero jamás tirar piedras sobre su propio pasado, por muy siniestro y criminal que sea; y lo mismo respecto al sector podemita, para quienes los terroristas marxistas de ETA, GRAPO y FRAP son «demócratas».

Pablo Casado, en definitiva, es la oposición que siempre ha deseado la izquierda progre en el Gobierno: va a misa los domingos, pero como político acatará la agenda globalista y la leyenda negra memorialista, es decir, todo lo contrario a aquello por lo que semanalmente manifiesta devoción. Antes a ser así se llamaba fariseo, ahora patriotismo constitucional.

Si algo hemos aprendido durante el último siglo y medio es que la izquierda sociológica es más fiel a sus siglas y pasado que la derecha. PSOE, UGT, ERC, PCE, CNT… El siglo XIX vio nacer a algunas, a otras el principio del siglo XX, y no apuntan a desaparecer a medio plazo.

En cambio, la derecha política en España ha tenido durante ese mismo periodo de tiempo al Partido Conservador, la Unión Patriótica, la Confederación Española de Derechas Autónomas, el Movimiento Nacional, la Unión de Centro Democrático y Alianza Popular, ahora Partido Popular y Vox…

Prácticamente podemos decir que la única derecha política en España que se ha mantenido fiel a sus siglas durante más de un siglo ha sido el Partido Nacionalista Vasco… y el carlismo, reducido a niveles testimoniales, si es que podemos agruparlos bajo la etiqueta de la derecha.

Aunque no lo parezca, el suicidio del franquismo, la incapacidad de sus herederos políticos para gobernar España durante la Transición y las súplicas de Pablo Casado por que no le llamen franquista son síntomas del mismo mal: la derecha española presume de trabajar por la unidad de España y por sus tradiciones, pero a la hora de la verdad no se lo cree, de ahí tanto cambio de sigla cuando vienen mal dadas (algo también habitual en la derecha secesionista catalana).

Todo lo contrario que una izquierda que puede cometer todos los errores habidos y por haber, da igual en el Gobierno que en la oposición, pero sí cree con fanatismo en lo que dice más allá del slogan ocasional. Por eso, como avisó Pablo Iglesias hace tiempo, la derecha estará mucho tiempo fuera del Consejo de Ministros; no obstante, siempre les quedará la baza de la señora Ayuso, moralmente progresista pero con buen cartel entre el electorado de la derecha que más presume de testosterona.

Gabriel García ( El Correo de España )