LA DERROTA DEL PASODOBLE

¿Qué es la belleza? Keats lo tenía claro: «La belleza es verdad, la verdad, belleza. Es todo lo que sabes en la tierra y todo lo que necesitas saber». Para Baudelaire la belleza todo lo gobierna y de nada responde. Algunos filósofos pensaron que la belleza es una tiranía y ha gobernado entre las sábanas. Para los futuristas, un coche de carreras con capó de gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo es más bello que La Victoria de Samotracia. Los fascistas vieron más belleza en la guerra que en la política.

Los griegos, que lo que no inventaron sigue sin inventarse, dijeron que, en Atenas, la belleza es el esplendor de la verdad y Pericles lo confirmó: «Amamos la belleza sin ostentación y buscamos el saber». Hubo un tiempo que España, aunque era odiada, también seducía como el bello país del vino y las canciones, hasta que los nacionalistas han negado lo que cantaban los pasodobles.

En nuestro tiempo no se asocia la política a la sabiduría, ni a la belleza, y menos en España, donde está lejos de la política la armonía, y cerca de la bronca, del insulto, del feo maniqueísmo. Los líderes no se parecen a los del Capitolio de Whashington, el Hollywood de los feos; todo lo contrario, Inés ArrimadasPablo CasadoAlbert RiveraPedro Sánchez, son agraciados, atractivos, guapetones, pimpollos…

Pero ahora, durante el juicio al procés, en los retratos que les hacen los supremacistas catalanes, los españoles salen horrorosos y son descritos como tiranos y patanes que impiden garantías. Los líderes nacionalistas, Puigdemont Quim Torra, han descrito a los españoles como unos cazurros con botijo y fiambrera a los que les huele el aliento a chorizo morcón. González Boy, abogado de Puigdemont, compara a España con Turquía; y esta comparación no es nueva; hace un siglo que se llamó a España la Turquía de Occidente con una camarilla de señoritos en la corte y generales guapos pasándose por la piedra a las reinas, con toreros ascendidos a directores de la Policía.

Cristian Campos, un columnista de primera, hurga en el estigma de la fealdad política de una España manchada por la corrupción, el clientelismo. España -escribió- «es fea con alevosía», «con vivas a los corruptos en las puertas de las cárceles», en una actualización del «¡Vivan las cadenas!»; o imágenes tan espantosas como cabras arrojadas desde los campanarios. Cristian es un ingenioso provocador, pero la cara oscura y negra de una España aún franquista es la que están divulgando los nacionalistas catalanes, nuevos agitadores y manipuladores de la Leyenda Negra.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor