Que el hombre es ese animal que tropieza dos veces con la misma piedra lo ejemplifican por desgracia como nadie Pedro Sánchez y su Gobierno. España está sumida en la preocupación por unas cifras de contagios de coronavirus disparadas -las peores de toda la UE- y alarmantes datos económicos.

La cancelación del turoperador alemán TUI de todos sus viajes a España -salvo Canarias- da la puntilla a un sector turístico que ya agonizaba por la decisión en cadena de la práctica totalidad de países comunitarios de desaconsejar viajar a nuestro país, lo que ha acarreado pérdidas económicas monumentales.

De nada han servido las repeticiones casi lastimeras de la ministra de Exteriores de que «España es un país seguro», que no han resultado creíbles para empezar por la escasa fiabilidad de nuestras cifras, en las que no coinciden siquiera las del Ministerio de Sanidad y las de las comunidades autónomas.

No está golpeado solo el sector turístico -que representa casi el 13% del PIB nacional-. España encabeza la caída récord de la actividad económica en los Veintisiete -el segundo trimestre nos ha dejado un retroceso del PIB nada menos que del 18,5%-, porque la industria, el comercio o los servicios se han resentido mucho más que en el resto del continente.

La falta de estrategia nacional y la descoordinación y el caos es tal que mientras el País Vasco, de forma unilateral, vuelve al estado de emergencia el lunes y su consejera de Sanidad alerta de «un posible tsunami», Fernando Simón dice que aquí no pasa nada y se ríe de quienes hablan de segunda oleada.

Todo nos sitúa ante el estrepitoso fracaso de la desescalada que dirigió el Gobierno cuando aún concentraba poderes plenos en el estado de alarma. En realidad, con lo que se ha ido sabiendo después, cabe cuestionar hasta qué hubiera de verdad un plan más allá de pensar que con el verano escamparía.

La inacción del Gobierno en los últimos dos meses, lavándose las manos con el argumento de que las comunidades autónomas habían recuperado la gestión, mientras día a día se agravaba la situación, es de una irresponsabilidad mayúscula.

Sánchez ha tropezado en el mismo error que en vísperas de marzo: cruzarse de brazos. La reacción de urgencia del ministro Illa el viernes es propia de nuevo de dirigentes que no se anticipan a los hechos que se ven venir -la multiplicación de brotes desde julio en Aragón o Cataluña habría exigido planes de choque inmediatos-, sino que se ven arrollados por ellos.

La dejadez ha sido tal que no hay ni instrumentos jurídicos para que los Gobiernos autonómicos pudieran afrontar de forma eficaz los brotes. Como subraya hoy en EL MUNDO el presidente aragonés, Javier Lambán, así las medidas están «al albur de la interpretación de cada juez».

Galicia también reclamaba ayer al Gobierno reformas para poder aplicar cordones sanitarios. Pero en Moncloa han estado distraídos pensando en las vacaciones. Ni siquiera se está trabajando en planes para que puedan volver los alumnos a las aulas, y apenas faltan tres semanas para que comience el curso.

El Mundo