LA DESESPERACIÓN DE UN ÁBALOS SIN CRÉDITO

Nada delata tanto la propia vulnerabilidad como un arranque de sobreactuación parlamentaria. Como el protagonizado ayer por el ministro más quemado del Gobierno: José Luis Ábalos. De la tupida red de mentiras que él mismo fue tejiendo para escapar del escrutinio periodístico no se sale. Y mucho menos cuando un juez advierte indicios de delito de prevaricación en su actuación la noche en que se reunió con la mano derecha del dictador Maduro.

El propio Pedro Sánchez, aunque insiste en el presunto valor diplomático de aquella reunión, no dudó en descargar toda la responsabilidad sobre Ábalos en el Senado.

Y ayer en el Congreso el ministro recurrió a la desesperada nada menos que al 11-M para echar balones fuera, mientras la oposición exigía su dimisión y las bancadas de PSOE y Podemos trataban de reforzarle poniéndose en pie para aplaudirle, imagen que traslada más menesterosidad que confianza.

La crisis de credibilidad que arrastra Ábalos por sus mentiras no tiene retorno. Por más que se aferre al puesto, ya no es un político confiable a ojos de la ciudadanía.

Su presencia en el Ejecutivo solo servirá de cotidiano recordatorio de su descrédito y agudizará la erosión institucional que acompaña al sanchismo.

Mejor dimitir cuanto antes.

El Mundo