Ahora va a resultar que, porque le sale de la entrepierna al estúpido, zafio e ignorante comunista, con cargo ministerial, de turno -el que comía los buenos chuletones en su boda y pretende que el resto nos alimentemos a base de gusanos o hierbas- va a determinar con que juguetes pueden jugar nuestros niños y, encima, alguno de los fabricantes “lametraserillos” de turno agachan la cabeza y acatan los caprichos de esta malsana podemía de la que ya estamos hasta los mismos…, bueno ya saben hasta dónde y al que no lo sepa se lo explico yo.

Hace unos días, una madre, con mucha preocupación, me mostraba un libro de texto de uso obligatorio en el colegio que estudian sus hijos -religioso, por supuesto-, en una de cuyas páginas de los destinados a los niños de diez años, aparecían unas viñetas que no dejaban lugar a dudas de lo tendencioso y perverso que se está volviendo nuestro sistema de educación, dictado y gobernado desde la dictadura más canalla y perversa.

En ellas, se veía a un niño y una niña. La niña, se probaba delante de un espejo un vestidito ante la mirada atenta del niño. Acto seguido, en la siguiente viñeta, la niña invitaba al niño a que se probase uno igual, a lo que el niño se negaba aduciendo, como es lógico, que era un vestido para niñas. Tras las persistentes peticiones de la menor, el niño accede a probarse el vestido y mirándose al espejo exclama todo contento, ¡qué bien me queda!

Esta es la maldad de toda esta canalla que nos gobierna, los que dictan leyes, los que imponen normas que, encima, las convierten de obligado cumplimiento y de seguir así y no ponerle freno a tipos deleznables, incultos y vagos como este de los chuletones del día de su boda; la otrora “favorita del macho alfa” que tantos réditos le proporcionó; la de los ojos de gata callejera falsa o la estúpida llorona, nieta de Doña Rogelia, no solo acabaran con España, sino con los españoles y, al cabo de unos años, nada tendrá valor, todo será relativo y nadie sabrá ni lo qué es, ni siquiera a qué atenerse y, mucho menos, quién es.

Vivimos en una dictadura al más rancio estilo bolchevique que toman como ejemplo a esas tan “anheladas” China, donde ese del criminal y asesino partido comunista -ese del sello de correos del amigo del chuleta del pantalón de pitillo- masacran a la población por no usar mascarilla; Venezuela, férrea dictadura de un indocumentado cuya formación ni siquiera está al nivel del Graduado Escolar; Cuba, ese paraíso comunista perpetuado en el poder sin que se celebre ni tan siquiera elecciones que no sean, si las hay, las controladas por los comunistas que son los únicos que pueden presentar candidatos; etc.

Vivimos en una dictadura en la que un tío, por Decreto Ley, nos encierra en casa dos meses, algo que no sucedía ni con los estados de excepción; una dictadura en la que, en breve, el que no tenga un coche nuevo, pueda o no pagarlo, tendrá que comprarse uno para satisfacer la voluntad esa pandilla de paranoicos ecologistas; una dictadura en la que un niño no le puede pedir a los Reyes una pistola de vaquero o una caja de soldaditos, ni una niña una cocina, una casita de muñecas o una muñeca vestida de rosa; una dictadura en la que incluso exigen que los colores de los juguetes sean como a ellos les da la gana; una dictadura en la que ya ni siquiera, el que le apetezca, puede ir a putas o a putos, que es lo mismo; una dictadura donde la prensa, cada vez más canallesca, está comprada para que mantenga la boca cerrada; una dictadura en la que solo se apoya aquello, bueno o malo, que sea políticamente correcto, siendo ellos los que determinan lo que es o no correcto; una dictadura que pretende cargarse una parte de nuestra Historia; una dictadura donde gobiernan las minorías -lgtbi, feminazis, separatas, golpistas, filoetarras, comunistas de salón y demás perroflautas- eso sí, con el apoyo incondicional, como siempre, del partido más corrupto y antiespañol que existe: el socialista.

Vivimos en una dictadura que en nada se parece a otras que, tildadas como tal, nada tenían que ver con lo que tenemos ahora y que lo único que prohibían, con mucho acierto, era la proliferación de los partidos políticos que no dejan de ser una lacra social y covachas para colocar enchufados, amiguetes y crear chiringuitos de esos que no sirven para otra cosa que para limpiarnos los bolsillos de los españoles y mantener a un montón de vividores que no sirven para nada.

No hay que ver algunas de esas sesiones en las Cortes donde la mayoría de las bancadas están vacías, ¿dónde están sus señorías?, ¿tomando café todos a la vez?, ¿yendo a hacer la compra?, ¿visitando los wcs? Supongo que estarán rascándose los…, ya saben lo que se están rascando unos y otras, cada cual lo suyo, ya me entienden.

Una dictadura que mientras haya cañita, finde, playita y terracita, ah, sí, y móvil para poder estar colgados a ellos todo el día, diciendo tonterías, a todos los españoles aborregados les da igual.

Una dictadura en la que se prohíbe, en parte del territorio nacional, hablar en español, el idioma de España; una dictadura en la que cualquier piernas de izquierdas tiene plaza de profesor en la Facultad que sea, de una de las Universidades que tenemos a cada paso más sectarias y de menos prestigio.

Una dictadura en la que una estúpida de una profesora, tanto en Baleares como en La Coruña, prohíbe que los alumnos utilicen la Bandera de su Patria.

Una dictadura comunista gobernada por vagos, tipos y tipas -de estas más que de los otros-que jamás dieron un palo al agua y cuya formación, del todo deficiente, no superaría una de aquellas reválidas de nuestro viejo bachillerato.

Es sorprendente que, mientras para ser ordenanza de un banco exigen no solo el bachillerato, sino, preferiblemente, tener título universitario, para ser concejal, diputado o senador ni tan siquiera exigen saber leer y escribir. ¡Vergonzoso!

Lo de España clama a los cielos y, o bien despierta el pueblo de una vez, ya que la derechona, cobarde y acomodaticia, lo no a hacer o la Patria se va al garete. ¿Lo vamos a permitir…?

Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )