LA DIGNIDAD

Javier Lambán y Emiliano García-Page se han alzado en nombre del viejo PSOE, de lo que alguna vez fue el PSOE, para defender una cierta idea de España frente al oportunismo necesitado de Pedro Sánchez, dispuesto a ceder a las demandas más rupturistas del PSC de Miquel Iceta.

Si Cataluña es una nación, ¿por qué no habría de tener derecho a la independencia? El presidente en funciones no entiende que hay cosas que no tienen repuesto, y si lo entiende le da igual, pero ha demostrado una insólita capacidad de resistencia, ha derrotado dos veces a la vieja guardia de su partido, y ahora su poder parece absoluto y cuesta pensar que sus críticos puedan tener algún recorrido.

En este momento oscuro, trémulo, inquietante, en que lo que no llega a romperse es porque cambia de forma, lo peor que puede decirse de España -según sentencia de Arcadi Espada- es que puede pasar cualquier cosa, y es deprimente asistir al espectáculo de cómo Sánchez está retorciendo cualquier idea que pudo definir al PSOE histórico para adaptarlo a su más pasajera conveniencia, sin ningún escrúpulo que no sea el poder, y el poder por el poder, y la intimidación de quien lo ostenta contra sus adversarios o enemigos. ¿Hallará algún límite?

Es dulce y digno que estos dos barones socialistas se hayan pronunciado en favor de sus ideas y principios, y su líder haría bien en escucharles, pero sería un enésimo naufragio moral que si al final sus tesis no son observadas, ellos se quedaran como siempre en este partido que también por culpa de su acomodaticia cobardía ha llegado hasta aquí.

Hay que ser valiente para hablar, pero también elegante para irte cuando lanzas un órdago y no logras que nada cambie. Sólo así puede tener algún valor, y alguna dignidad, lo que dices.

El PSOE debe decidir si fía su entera suerte a Sánchez, a cambio de retener el poder aunque sea al precio de volverse totalmente irreconocible, o si regresa ni que sea algunos centímetros de su ética estrictamente resultadista para defender unas ideas y un concepto de Estado que son los que le han convertido en uno de los dos grandes partidos de España.

Pero mucho me temo que la suerte está ya echada, y García-Page tendrá efectivamente que pedir mucha, mucha vaselina a los Reyes Magos -o a Santa Claus, que le llega antes- si quiere continuar siendo miembro de este Partido Socialista.

Salvador Sostres ( ABC )