LA DOBLE FRACTURA DEL GOBIERNO

La aprobación del estado de alarma ha abierto una nueva fase en la lucha contra la pandemia del Covid-19, y el liderazgo del Gobierno central es lo que debe consolidarse para que esta lucha sea efectiva. La unidad social y política en torno al Ejecutivo de Pedro Sánchez es una necesidad racional, porque la dispersión de respuestas solo conduce a malgastar los recursos públicos.

Sin embargo, una democracia no deja de serlo por vivir una pandemia. Unidad no significa mordaza, porque el silencio ante los errores y las deslealtades genera más errores y más deslealtades. En la situación política del Gobierno hay mucho de unos y otras y, aunque el momento de responder por todos ellos no sea este, sí es necesario constatar que el Ejecutivo de Pedro Sánchez se ha quebrado en los dos pilares sobre los que apoyó su investidura.

En el discurso de la unidad autonómica en torno al Gobierno, tuvo que ser el presidente catalán Joaquim Torra quien desafinara nuevamente con unos juicios de valor tan absurdos como reveladores de su obsesión separatista. Para Torra, la aplicación del estado de alarma es una excusa para cercenar competencias autonómicas, no para combatir la pandemia del coronavirus.

Este sujeto es a quien Pedro Sánchez debe su investidura. La deslealtad de Torra con España en este momento crítico tiene que quedar anotada para cuando superemos esta crisis sanitaria y se normalice la vida política, incluyendo las responsabilidades en las que algunos están incurriendo.

El problema de Torra es que sabe que es el momento de ese Estado español con el que quiere acabar. Y sabe que el ciudadano, también el catalán, quiere superar esta crisis, y sin el Estado no será posible. También Torra se ha dado de bruces con el Estado.

La otra pata del Gobierno está rota. El Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos se extinguió en la mesa del Consejo de Ministros del sábado pasado. Ni uno solo de los ministros «sociales» del bloque comunista está en el equipo ejecutor del estado de alarma, y esta exclusión es toda una declaración de principios.

En cuanto ha sido puesto a prueba de verdad, no con eslóganes ni propaganda, el Gobierno de coalición no ha resistido la tensión, porque nunca fue una coalición de gobierno, sino de mera posesión del poder.

Gobernar es otra cosa y Pablo Iglesias se ha confirmado como un político incompatible para el gobierno de una sociedad como la española, cuya lealtad y sacrificio en estas horas no ha sido honrada por las ambiciones de poder de unos políticos que aún piensan como comunistas rancios.

ABC