Las demoledores consecuencias del confinamiento y del parón abrupto de la producción y del consumo abocan a España a encender todas las alarmas ante el estado comatoso de la economía. El hundimiento de la temporada turística, por las restricciones de movilidad y por la torpeza diplomática y comunicativa del Gobierno en el exterior, agudiza la incertidumbre ante un horizonte sombrío habida cuenta del riesgo de una segunda oleada del coronavirus.

Los datos de todos los organismos, nacionales e internacionales, reflejan que España se muestra especialmente vulnerable al embate de la pandemia. Así lo acredita también la OCDE, que ha alertado del freno en la recuperación económica de España frente al resto de países europeos.

En concreto, la última lectura del índice diseñado para anticipar puntos de inflexión en la actividad económica durante los siguientes seis a nueve meses, se situó en el caso de España en 93,72 puntos, frente a los 94,31 del mes anterior. Este organismo observa «signos tentativos de desaceleración», en contraste con el «fortalecimiento continuado» observado para el conjunto de la OCDE y de la zona euro. Este pronóstico augura un escenario catastrófico para el conjunto del aparato productivo.

Cabe recordar que la economía española se hundió un 18,5% en el segundo trimestre, un desplome del PIB mucho mayor que sus socios europeos. En paralelo, la Bolsa española es la que más cae de Europa debido al temor por los rebrotes. Ha perdido un 29% de su valor desde el famoso lunes negro del 24 de febrero. La debilidad de las empresas que componen el Ibex 35 y el peso que tienen compañías turísticas y los bancos en el selectivo -las más golpeadas por la crisis- espanta a los inversores.

El comportamiento de los mercados es un reflejo de las malas perspectivas de la economía. España corre el riesgo de verse rezagada frente a los países del entorno. Hay causas estructurales, como la inflexibilidad del mercado laboral o la carencia de planes de reindustrialización, que explican la inconsistencia de nuestra economía. Sin embargo, subyacen otras razones que son imputables a la desastrosa gestión del Gobierno de PSOE y Podemos.

El colapso económico no se produjo solo por la acción letal de la pandemia, sino por la negligencia e imprevisión del Ejecutivo para gestionar la emergencia sanitaria. No basta con extender los ERTE -medida imprescindible- o habilitar meros parches paliativos, como el subsidio que plantea Trabajo para aquellos parados que hayan agotado todas las ayudas.

En esta coyuntura se requiere un Gobierno fuerte con un rumbo claro, y lo que tenemos es una coalición débil y presa de prejuicios ideológicos que conducirán a disparatados aumentos del gasto y de la deuda. España se enfrenta al reto de aprovechar la oportunidad que supone la inyección del Fondo de Reconstrucción para implementar reformas y acelerar la transformación del tejido productivo.

El Gobierno debe ver en la iniciativa privada un aliado para encarar la crisis, lo que exige respaldar a las empresas con algo más que créditos, moderar la presión fiscal y establecer una planificación que genere confianza, sin mensajes contradictorios en materias sensibles como la reforma laboral.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor