Las instituciones política-económicas son formas regularizadas de mantener el orden en la producción y distribución de los bienes y servicios, así como lo son las instituciones político-sociales en lo referente a la paz social.

El gobierno, la paz social y la economía están íntimamente ligadas. Hay tres modelos de instituciones política-económicas que acompañan a una visión política-social, también, de la sociedad y de la distribución de los bienes de mercado en la sociedad:

  • La economía mixta, en la cual la propiedad privada y el lucro se combinan con algún grado de socialismo y estatismo benefactor hacia la parte de la sociedad menos favorecida. Quizás este sistema sea el más generalizado en los países democráticos que imponen restricciones moderadas al liberalismo puro. Las economías mixtas, aunque son las más prosperas en el mundo, están actualmente luchando contra la recesión producida por la pandemia, la posible inflación que se puede producir por la que más que probable falta de bienes y el conflicto acerca de la medida en que el estado debe funcionar como benefactor.
  • El comunismo, donde se prohíbe la búsqueda de ganancias y todas las empresas importantes están manejadas por el Estado.
  • El fascismo, donde la empresa privada opera bajo el control del estado autoritario.

Las funciones manifiestas de estas instituciones son mantener el orden, obtener el consenso y llevar a su máximo la producción económica. Ninguna sociedad ha tenido éxito completo en el desempeño de estas tres funciones. Las funciones latentes de las instituciones de esta índole son muchas e incluyen la destrucción de la cultura tradicional y la aceleración del deterioro ecológico.

Se discute mucho acerca de si la sociedad humana es fundamentalmente cooperativa o competitiva, y la actividad gubernamental y económica se consideran con frecuencia en este contexto. Podemos hallar ejemplos tanto de conflicto como de cooperación en todos los sistemas político-económicos y, como consecuencia, en los sistemas político-sociales.

Las ideologías referentes a las relaciones entre el gobierno y la economía incluyen las de Adam Smith, Karl Marx, John Maynard Keynes y Milton Friedman. El capitalismo y la democracia han estado bajo el severo ataque de los intelectuales durante muchos años en las sociedades occidentales.

Actualmente, en las sociedades occidentales existen muchas críticas intelectuales del modelo socialista-comunista como desfavorable a la libertad y a la productividad, mientras que en los países en vías de desarrollo las ideas marxistas ejercen un fuerte atractivo.

El poder sobre el gobierno significa la capacidad de controlar la toma de decisiones como queda palmariamente demostrado actualmente en España. Dos puntos de vista opuestos consideran que las relaciones de poder y los grupos de presión o elites pueden relacionarse de diferente forma como vimos en el artículo de ayer:

  • Un gobierno gobernado por unas elites que pueden percibirse como derechistas o izquierdistas.
  • Un gobierno en una sociedad pluralista en la cual las decisiones se toman mediante el conflicto y la negociación.
  • Una alternativa a estas es el modelo dialéctico de clase en el que los grupos de la clase dominante prevalecen casi siempre, aunque pueden debilitarse por la desunión o ser impugnados por rivales de otras clases organizadas.

Las masas desorganizadas poseen un gran y poco utilizado poder, especialmente en las sociedades democráticas. El poder de las masas se expresa mediante el mercado masivo, que determina qué productos, diseños y formas de entretenimiento tendrán éxito, el veto de las masas a las decisiones de la elite por medio de la no cooperación.

Las masas tienen, también, poder político directo y pueden, por ejemplo, determinar mediante la votación qué lideres gobernarán durante un espacio limitado de tiempo en las democracias occidentales, no así en las «monarquías comunistas» donde los esfuerzos por organizar a los pobres en organizaciones eficaces no han tenido nunca mucho éxito.

Los grupos de electores, relativamente pequeños, que tenemos en España como los nacionalistas, de reivindicación única ejercen un poder político desproporcionado, a menos que sea contrarrestado directamente por otros electores similares igualmente comprometidos.

La representación proporcional acrecienta la fuerza de este tipo de electores, puesto que fortalece la probabilidad de que los partidos políticos pequeños puedan ejercer el veto. Este poder puede evitar una acción gubernamental eficaz y alentar que se recurra a la dictadura.

La coerción y el paro se han vuelto técnicas de los grupos minoritarios que buscan el cambio político. La coerción puede ser violenta, o no violenta que incluye la desobediencia civil y varias técnicas como pasividad, resistencia pasiva o resistencia no violenta; o una combinación de ambas desde las propias instituciones, por una parte, y por unas minorías relativas muy activas y violentas por otra, como ocurre en las Comunidades de Cataluña y Vascongadas en España.

Un consenso que era emergente sostenía un acuerdo básico acerca del estado benefactor, de las empresas lucrativas y de la ética laboral como los valores fundamentales que ahora ha sido defenestrado por un gobierno en el que han entrado a formar parte esas minorías relativas disgregadoras de la Nación, antisistema y comunistas que intentan cambiar a otro tipo de economía colectivista completamente trasnochada, amén de revivir una lucha de clases que no perfila nada nuevo ni bueno en una sociedad dividida.

Tte Coronel Area Sacristán ( El Correo de España )