Se equivocaron al no prever la peligrosidad del virus. Al darse cuenta de su error, volvieron a equivocarse paralizando el país. Y se equivocaron de nuevo al levantar demasiado pronto el confinamiento que nos llevaba a la ruina.

Para, presos ya del pánico, ceder a las comunidades la gestión de la crisis, lo que trajo un auténtico caos de normas, que nos pone a las puertas de otra explosión de la pandemia, con 30 provincias infectadas y el número de muertos alcanzando las cotas de marzo.

Únanle los efectos colaterales: el Reino Unido reimpone la cuarentena a los viajeros procedentes de España, por lo que apenas llegan. Los Gobiernos de Francia, Bélgica, Austria y Noruega recomiendan a sus ciudadanos no viajar a nuestro país y se hace público el número total de muertes por el virus, 44.868, bastantes más de los 28.432 oficiales.

O no saben contar o mienten como respiran. Por ese camino, terminarán tomándonos por el pito del sereno cuando, ya no hay serenos y los pocos pitos son los de los árbitros.

La consecuencia de todo ello es un desplome del turismo, «nuestro petróleo» le llamaban, y el alejarse la esperanza de que la segunda parte del verano compensaría la primera.

Puede ser igual o peor. Si tenemos en cuenta que es nuestra industria más potente durante estos meses se comprende el desgarro que se está produciendo en nuestra economía, con la perspectiva de una subida del gasto sanitario, ya altísimo.

Y no les digo nada si se extiende el cierre de los locales nocturnos, discotecas y demás, que constituye el plato fuerte de los gastos e ingresos veraniegos.

¿Cómo afrontará el Gobierno Sánchez-Iglesias esa caída en picado de ingresos y el dispararse de los gastos? Pues las fórmulas de Podemos no son las del PSOE tradicional. El caso de la reforma laboral de Rajoy es paradigmático: Podemos quiere erradicarla.

La mayoría del PSOE se contenta con eliminar sus rasgos más duros. De momento, lo han aparcado, pero no podrán hacerlo eternamente, sobre todo cuando urge que lleguen esos fondos. Nunca se han juntado socialistas y comunistas que no hayan discrepado sobre dos asuntos claves: la libertad y la economía.

Habiéndose impuesto siempre los comunistas al ser los portadores de las esencias de la izquierda y tener menos escrúpulos en defenderlos. Pero han cambiado tanto las cosas que me libraría muy bien de hacer apuestas. Más, cuando Sánchez e Iglesias están más interesados en el poder que en la ideología y saben que un pulso entre ellos sería fatal para ambos

El pacto que han hecho les une por encima del programa, al que renunciarán si es la única forma de retener la cartera. Me refiero a la ministerial, aunque pudiera ser también la otra. Será interesante, de todas formas, saber cómo reaccionarían si Bruselas les obligase a elegir entre la una y el otro, la bolsa o el cargo.

Nos espera un otoño tan cargado de Covid como de política.

José Maria Carrascal ( ABC )