El informe del Tribunal Supremo oponiéndose a la concesión de cualquier forma de indulto a los golpistas catalanes del 1-O condenados por delito de sedición, malversación de caudales públicos o desobediencia,  da inequívoca y ponderadamente la medida del inmenso desorden acumulado por el sistema engendrado por Sánchez, por las prácticas utilizadas por el sumiso vasallaje de los ministros socialistas o en su caso, por los repetidos ataques y violencias al orden constitucional por parte de sus indeseables socios comunistas.

El Tribunal no aprecia razones de justicia, equidad o utilidad pública; ampara y protege el Estado de Derecho, advirtiendo sin ambages, que lo único que se pretende es garantizar la estabilidad del gobierno, poniendo especial énfasis en la ausencia de pruebas de arrepentimiento de los golpistas, presentándose ellos mismos como presos políticos, de lo cual, deduce la constancia del fracaso de los fines de prevención especial, lo que obliga a rechazar los indultos. Llega a decir que la solución planteada por Sánchez es inaceptable.

Las “bulas catalanas de estabilidad política” que los gobiernos socialistas y populares han concedido desde la Transición a los independentistas catalanes sin persuadirse de que iban a llegar hasta el final, es con lo que se ha encontrado el Tribunal Supremo al emitir su obligado informe, que viene a decir conforme a Derecho ¡basta ya! de vilezas políticas y privilegios.

Conviene indicar que con  este hipotético indulto se perseguía una doble gracia, la estabilidad de este gobierno nefasto y traidor y el beneficio o exculpación de los golpistas.

Hasta aquí, la decente y justa actuación del Tribunal, ¿qué sucederá en el futuro?, ¡imposible de predecir! mientras Sánchez y sus patologías sigan estabulados en la Moncloa, los españoles tendremos que continuar soportando los dogales de la   incertidumbre y los temores del caos reinante; en caso, de que el gobierno enrede, manipule y persista en su caótica entropía, solo queda esperar que el Tribunal Supremo demuestre que “los chiflidos son arrullos y las maldiciones alabanzas”, ya que tanto unos como otras han de multiplicarse, pues “No hay acto de traición o de mezquindad de la que un partido político (gobierno socio-comunista de Sánchez) no es capaz, porque en política no hay honor” ( Benjamín  Disraeli).

Sin duda, que así ha de ser, habremos de soportar los zumbidos y los rebuznos ácratas de este ejército irregular de independentistas catalanes, figurantes subvencionados en esta película cuyo rodaje se va dilatando en el tiempo y sin visos de concluir, que cuenta una historia tan mentirosa como trapacera, donde engaña el director, estafa el productor, engatusa el de sonido, embauca el de vestuario y timan los protagonistas, ¡Mala centella les parta!; y qué decir de los socio-comunistas a las órdenes de Sánchez, sujeto atrincherado en la mentira, al que sus compañeros-camaradas no se atreven a ponerle la campanilla de leproso infectado por la falsedad y el embuste, pues carecen de la dignidad y redaños para colocarle la “coroza roja” para señalarlo como reo de haber traicionado a España; comparsas de este gobierno colmado de desesperación y odio,  ahítos de venganza y revanchismo por haber perdido una guerra que ellos mismos generaron; adeptos y parciales del “execrable”, que arrastrado por su ímpetu bolivariano ha metido su sucia cuchara en el asunto de los indultos, apostrofando que la decisión en conveniente por buscar el consenso y la convivencia, además de recordarnos los 140 años del socialismo español, “pilar de la democracia”, se puede ser más cínico y repugnante, él fue el que abrió las heridas con criminal bisturí del guerra-civilismo adormecido y superado, él fue el principal y no único responsable de lo que a España le está sucediendo; ¿Por qué no te callas?

Los que están por desasnar opinan con prontitud y si reservas, los que se suponen ilustrados terminan convirtiéndose en piltrafas morales de la corrupción, los que apuntan buenas maneras y cierto grado de interés por el bien común y el progreso de la Nación se trasforman en deudores de su falta de determinación y cobardía.

Pésimos son los augurios para la Nación, cuando se trasluce en las manifestaciones de una minoría de    “gobernantes enfermos” que el Tribunal Supremo es una banda de “vengadores y revanchistas” o cuando se constata que la Ley está sujeta a las revisiones particulares de partidos políticos, cuyo credo y máxima exigencia es: “todo lo que no se puede poseer, hay que destruirlo”

Por último, recodar algunas de las palabras del Rey en el discurso del 3 de Octubre de 2017 contra el golpe de Estado: “Todos hemos sido testigos de los hechos que se han producido en Cataluña, con la pretensión final de la Generalidad de que sea proclamada—ilegalmente—la independencia de Cataluña”

Con indulto o sin él, ya que los “talibanes” independentistas no tienen intención de limpiar ni arrepentirse de sus pecados, sí, sería conveniente que las Fuerzas Armadas interiorizaran esta pretensión final.

Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y la democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía Nacional”

Con indulto y sin él, S.M. Felipe VI, sí, en efecto, es una honrada y leal referencia para el Estado de Derecho y el amparo y consolidación de la democracia.

Extremo que niego con rotundidad al actual gobierno socio-comunista, empeñado en el pago que consta según contrato firmado con los independentistas de izquierda catalana, con el bastardo fin último de permanecer en el poder a toda costa.

Antonio Cebollero del Mazo ( El Correo de España )