LA ENVIDIA

El comunismo, como hizo siempre a lo largo de la Historia, vuelve a agitar la envidia en la España actual. En ese caldo de cultivo del sufrimiento que fue la reciente crisis económica –sobre la que, por cierto, algún cráneo privilegiado del Banco de España asegura haber advertido ya por 2006–, afloraron como setas en otoño todo tipo de manifestaciones, en las que se embalsaban el cabreo y el ansia de venganza de miles de ciudadanos. Terreno abonado para que irrumpieran unos aspirantes a gobernantes –con viejas ideas que creíamos superadas–, que volvieron a remover el eterno pecado español de la envidia.

Una mezcla de desazón y codicia que trataba de reprochar las legítimas ansias de todo aquel que, con su esfuerzo y dentro de los márgenes de su libertad, aspirase a mejorar su vida, su bienestar e, incluso, llegar a ser rico. En España todavía se mira mal a quien gana dinero, a quien genera riqueza, a quien se esfuerza.

Los celos habitan tanto en palacios como en las cabañas de los pastores. Un país de funcionarios tiende al rencor y a la desazón. No olvidemos que la envidia es la forma más sincera de admirar a alguien.

El Astrolabio ( ABC )