LA ERA SÁNCHEZ

Ha comenzado la era Sánchez, antes incluso de ser confirmado como presidente efectivo, tales son sus prisas por poner las vigas maestras de su gobierno, que no lo reduce a un solo mandato. Las encuestas le son favorables hasta el punto de que tiñen de rojo el mapa de España en las próximas elecciones, y ahora no cabe reírse de Tezanos pues a simple vista se ve que tiene viento de cola.

Pero nadie mejor que él sabe por experiencia que puede cambiar en cualquier momento y toma las medidas oportunas para contrarrestarlo. De entrada, atiza la pugna entre Casado y Rivera, que se disputan el liderato de la oposición como niños la pelota. Con un Abascal haciendo la guerra por su cuenta capturando descontentos y metiendo miedo a moderados.

Luego, procurando tener satisfecho a Iglesias, el más próximo ideológicamente, que llegó a disputarle el liderato de la izquierda, pero hoy se halla en caída libre debido al cuartear de su partido. Se necesitan ambos, mucho más Iglesias a Sánchez que a la inversa, pero éste no puede permitirse e lujo de tenerle como rival en un escenario tan enrevesado y convulso como el que tenemos hoy, con un Sánchez en el centro repartiendo juego y estopa. Es lo que le permite abordar con todas precauciones necesarias y algunas más, el tema más peliagudo: el territorial.

Para ello ha echado mano de uno de los personajes más pintorescos de la escena política española: Miquel Iceta. Veterano socialista catalán, concejal del Ayuntamiento de Cornellá, diputado en el Congreso primero y en el Parlament después, desde 2014 está al frente de PSC, habiendo logrado un difícil equilibrio entre el españolismo y el catalanismo.

Su figura oronda, su eterna sonrisa, su desparpajo, su afición al baile, que muestra en cada ocasión que se le presenta y, todo hay que decirlo, su flexibilidad, que le ha permitido decir hace una semana que seguiría en Cataluña porque su meta era ser presidente de la Generalitat y aceptar anteayer la oferta de presidir el Senado, la cámara que tiene que decir si se aplica el 155, e Iceta ha estado tanto a favor como en contra.

Sánchez se lo ha ofrecido por considerar que es el único capaz de tender un puente hacia los secesionistas, tras darse cuenta de que él no podía. Posiblemente le indujeron las declaraciones de Iceta favorables al indulto de los líderes del procés en caso de ser condenados y ser partidario de dar más competencias a Cataluña, convencido de que, en diez años, no habrá problema en celebrar un referéndum, tras comprobar los catalanes que ése es su mejor encaje en España.

En realidad, es la vieja fórmula confederal de la España «nación de naciones», en vez de la autonómica que tenemos. Fórmula que, de momento, rechazan los nacionalistas catalanes y la inmensa mayoría de los españolas, incluidos muchos en su partido. Lo demuestra que el bloque ERC, JxC y la CUP lo ha pospuesto de entrada. Aparte de que habrá que resolver un problema técnico: hacer sitio en el Senado a Iceta, que es congresista. Quiere solucionarse retirando al veterano Montilla y ponerlo en su escaño.

Pero para eso se necesita que los indepes reconozcan haberse equivocado, algo que, siendo también, como son, españoles, es difícil que hagan. El plan Sánchez tiene otros obstáculos que salvar, como qué más competencias pueden darse a Cataluña, por no hablar de cómo evitar que otros las pidieran. Aunque, ¿quién sabe cómo estaremos dentro de diez años?

Puede que ése sea el verdadero plan de Sánchez.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor