LA ESCUELA HOY EN ESPAÑA, EL COÑO DE LA BERNARDA

La querella sobre el pin parental, otra vuelta de tuerca más. La escuela, antes, mal, muy mal, en manos de la Iglesia Católica. Hoy, mangoneada por otra Iglesia, su antagonista masónica, transnacional y todavía más totalitaria que su sacra némesis.

Papá Estado, mamá Capital

La escuela hoy, sobre todo en secundaria, pura ingeniería social, vaciado de cerebros, apostolado de (de)mentes. Los padres hace tiempo perdieron la patria potestad. Sus hijos solo reciben alpiste ideológico y poco más. No se trata de la noble transmisión de enjundiosos conocimientos y saberes preclaros, legados de generación en generación. Quia. Los colegios solo persiguen un objetivo. Perpetuar este infernal Sistema Estatal-Capitalista, hontanar de todas las opresiones. Los coles, pieza nuclear dentro de este infecto engranaje.

Existe en los colegios una patológica y enfermiza obsesión por el éxito y la eficacia con la subsiguiente perpetuación de la Gran Trituradora estatal capitalista. Aquí encajan a la perfección los inadmisibles delirios pedagógicos sobre innovación, bilingüismo y nuevas tecnologías.

Con su correspondiente hiperburocratización. Hay que realizar exámenes y controles continuos, hay que rellenar los papeles de las programaciones, planes de mejora, pruebas de evaluación-control externo. Mierda, mierda, mierda. Y más mierda. Además de profundamente adoctrinado en las globalistas paranoias del Sistema, se genera a la sazón un profesorado locoide, agotado y muy hastiado. Además de alimentar, aún más, poro clave, su pavorosa mediocridad intelectual y moral.

El conejo de la Bernarda

La escuela hogaño en España es el conejo de la Bernarda. Allí se cuela todo el mundo con su correspondiente porción de qué hay de lo mío. En la estatal, concertada o privada, aterriza en las (j)aulas enfática gentucilla de toda condición y percha. No tan solo los corruptores de menores con sus totalitarias majaderías de género.

Se cuelan los bancos con su «educación financiera» para acabar legitimando todo abuso capitalista. Se cuelan ciertas empresas para deshabitar nuestra alma. Se cuelan los militares para enfatizar, aún más, rasgos de sumisión, uniformización y violencia. Se cuelan los maderos rebuznando rollos sobre educación vial, género y drogas (jajaja, roznando acerca del narco: quién habló que la casa honró).

Se cuelan los comecocos -psiquiatras, psicólogos, (des)orientadores- para drogar a punta pala, por lo legal y finolis, a los alumnos bajo cualquier pretexto. A saber, el tremebundo y letal embuste del TDAH. Se cuela cualquier payaso climático defecando acerca del inminente apocalipsis proclamado por Greta y sus gretinos, atiborrando, de paso, el negociazo de Ecoembes. Se cuela todo dios.

Desescolarización

Resumiendo, no solo es una cuestión de esta cuadrilla de tarados que moldean el Glorioso Gobierno. Ni de la igualitaria Irene, presidiendo su ministerio, sin designar a ningún hombre. O del cese de Alba González por estar poco racializada. Ni del par sin par, Boti-Bea, anhelando reventar el ano a los chicos. Más allá. Mucho más allá. Todo -reitero, todo- está descompuesto sin vuelta atrás posible. El grado de podredumbre, infinito.

Sin ir más lejos, un ejemplo, lectores de ECDM. El hecho del fichaje laboral mediante huella dactilar en los colegios nos introduce en una totalitaria distopía de control biométrico. Impedir asistir a ciertas clases donde las crías de cuatro años se metan bolis por el coño o los críos se introduzcan plátanos o pepinos por el culo, una insurrección necesaria. Pero la palabra clave no es pin parental. El vocablo liberador es desescolarización. Espartaco acude en nuestro auxilio. En fin.

Luys Coleto ( El Correo de Madrid )