LA ESPAÑA DE SÁCHEZ PINTA MAL

El Rey cumplió ayer con su función constitucional de proponer un candidato para la Presidencia del Gobierno, pero lo hizo forzado por una excepcionalidad de la que Pedro Sánchez es el único responsable: la de tener que celebrar una investidura a ciegas.

Y todo, porque los socios que el presidente en funciones ha elegido, los separatistas de ERC, no solo no han avanzado el sentido de su voto definitivo, sino que no han cumplido con el más mínimo y sensato deber de cortesía para entrevistarse con Don Felipe y que conozca hasta qué punto está asegurada la gobernabilidad.

Las garantías que haya dado Sánchez al Rey quedan en el secreto de la conversación mantenida entre ambos, pero es evidente que el PSOE actúa de modo heterodoxo, poco sensible con la Corona, y eludiendo su compromiso de negociar con transparencia.

Todo es opacidad en Sánchez y en sus cesiones al chantaje de ERC, y su ninguneo a La Zarzuela en este proceso es revelador. En rigor, Sánchez aboca a España a otra investidura incierta basada en una negociación oscura en la que ha asumido el lenguaje del separatismo, y que se diseña bajo la sospecha de que el PSOE acepta las condiciones de ERC para demoler parte del entramado constitucional de 1978.

Desde anoche, es Sánchez quien está en el dominio del hecho, y de él depende dilatar o no la fecha para la investidura. Pero si Sánchez es rehén del independentismo, todos los españoles lo serán también en cuanto sea elegido presidente del primer gobierno social-comunista de nuestra historia democrática.

La mayoría del Parlamento es constitucionalista. La portavoz de Cs, Inés Arrimadas, la cifró con razón en 221 escaños, y con ese patrimonio político en España carece de sentido que Sánchez se entregue al comunismo desfasado de Podemos y al secesionismo para que dinamiten su propio Gobierno desde dentro.

Es incomprensible que Sánchez se niegue taxativamente a ofrecer alternativas al PP y a Ciudadanos, más aún cuando él admitió que nunca dormiría tranquilo con Pablo Iglesias como vicepresidente en La Moncloa. España no necesita reformas estatutarias que supongan una derogación de parte de la Constitución por la vía de los hechos consumados.

Tampoco necesita excarcelaciones injustas de delincuentes, amnistías, referendos ilegales o relatores para un «conflicto político». España necesita un reforzamiento de la vía constitucional frente a la fractura social, los desafíos económicos, la inestabilidad institucional y por el bienestar de los ciudadanos.

Y eso nunca se conseguirá de la mano de Podemos y ERC. Sánchez desprecia una mayoría solvente de 221 escaños, y digan lo que digan sus ya irrelevantes barones, el PSOE se dispone a una investidura «con vaselina», en expresión de Emiliano García-Page. La España de Pedro Sánchez pinta mal.

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