Un Pedro Sánchez en cuarentena de diez días significa dos cosas: que al menos durante ese tiempo no puede aparecer en la cotidianidad de los españoles para presumir de ninguna nadería, pero, por contra, que su ausencia puede ser aprovechada por Pablo Iglesias para lucir músculo o marcar paquete en forma de cualquier tipo de estupidez.

Cabezón o no, Iglesias sabe que él y su socio Sánchez navegan ahora por su zona de confort: presupuestos aprobados, leyes ideológicas aprobadas, desentendidos de la pandemia, esperando los millones de Europa y haciendo ver que pugnan por pendencias particulares tipo desahucio o salario mínimo.

De vez en cuando teatralizan algún desencuentro para que la prensa desafecta salive durante unas horas.

Carlos Herrera ( ABC )

viñeta de Linda Galmor