Podemos encontrar  fácilmente muchos manuales en los que se nos muestra como encontrar el trabajo ideal y cuales son las técnicas adecuadas a aplicar en el momento de la entrevista.

Si, por el contrario, lo que deseas es abandonar tu puesto laboral, bien porque no estás satisfecho con el mismo, has encontrado algo mejor o porque necesitas un cambio, los manuales o tutoriales sobre como hacerlo de la manera adecuada resultan ser más escasos.

Para la persona afectada, dimitir de su  puesto de trabajo,  puede resultarle incómodo,  pero en innumerables ocasiones, esta incomodidad es infinitamente menor que  el perjuicio  social y económico que implicaría la “no dimisión” de dicha  persona.

Si nos centramos en España, y en particular en sus políticos, podemos decir que “dimitir” no entra dentro de sus prácticas habituales.

La dimisión de un político es una cuestión de ética y de responsabilidad política.

Günter Krause fue ministro de transportes en el cuarto gabinete de  Helmut Kohl  y estaba considerado   el político más destacado en la Alemania Oriental. Krause dimitió de su cargo por una presunta participación en escándalos.

Laila Freivalds era Ministra de Exteriores de Suecia en el año 2006 y presentó su dimisión al reconocer que había mentido a la prensa.

Por supuesto que en España también ha habido dimisiones derivadas de irregularidades, pero suele costar reconocerlas y el afectado se defiende con “uñas y dientes”   para no perder su puesto.

En nuestro país no es habitual que los fracasos electorales deriven en una renuncia de los líderes políticos. Son pocos aquellos que, tras una debacle electoral, dimiten de manera inmediata.

Pongamos un ejemplo. La noche en la que Aznar consiguió su primera mayoría absoluta, Joaquín Almunia dimitió al haber perdido 16 escaños y millón y medio de votos. Como curiosidad, decir que Almunia acabó siendo vicepresidente de la Comisión Europea.

Pero también podemos encontrarnos con políticos que dimitieron antes de la noche electoral (Xosé Manuel Beiras  en el año 2005).

Y, como no,  están los políticos que prefieren diferir su dimisión hasta límites insospechados con la intención de diluir su fracaso y que éste quede en el olvido (  José Ibarretxe tardó en dimitir más de dos meses desde que perdió la mayoría absoluta en 2009).

La ética, la honestidad  y la responsabilidad, deberían de ser características inherentes a un político.

La realidad nos muestra como la ignorancia, la prepotencia y  la irresponsabilidad política , son los factores predominantes en  aquellos que nos gobiernan.

Es un pena ver como en España se está considerando “político” a quién es un charlatán.

Eva Higueras ( El Correo de España )