LA EUROPA DEL BLOQUEO NO FUNCIONA

Un viejo y conocido dicho de la burocracia europea de Bruselas afirma que un camello no es más que un caballo después de pasar por un comité. Es decir, que en un proyecto político de las características de la Unión Europea todo está basado en el diálogo y el consenso, en el acuerdo y la concertación.

Nunca funcionaron los intentos de unificar el continente por la fuerza, por lo que el espectro de una imposición de cualquier tipo fue desterrado de todos los mecanismos institucionales comunitarios. Sin embargo, esa búsqueda ilimitada del acuerdo tiene también efectos nocivos y contraproducentes.

El primero de ellos es el que menciona el dicho antes citado, del que son víctimas los inocentes camellos, puesto que las contorsiones legales y reglamentarias que en ocasiones han de realizarse para contentar a todos convierten un buen proyecto en una masa informe de reglamentos y excepciones, hasta el punto de desvirtuar por completo el objetivo que se pretendía lograr.

El segundo de esos efectos perniciosos es que la unanimidad absoluta permite que unos pocos -o uno solo- impongan sus reservas a todos los demás, aún más injusto que lo contrario.

Se creía que este tipo de situaciones desaparecerían con la retirada del Reino Unido de la Unión Europea, porque Londres se había convertido en el especialista absoluto del bloqueo.

Resulta que no. Muchos países se parapetaban tras los británicos para no tener que mostrar sus intenciones insolidarias y su voluntad de imponer sus posiciones a todos los demás.

Una cumbre europea de tres días seguidos, con decenas de reuniones en todas las direcciones posibles y en la que los Veintisiete no son capaces de tomar una decisión demuestra que algo falla en la mismo eje de la mecánica comunitaria.

La unanimidad no funciona.

ABC