LA EXALTACIÓN DE VISTALEGRE

Prolifera una turba de políticos encumbrados que acaparan los grandes medios de comunicación porque son de su cuerda. Pero hay también otros políticos, mucho más modestos, que apenas salen en esos mismos medios, y además casi únicamente para ser denigrados o ridiculizados. Estos últimos se ven impelidos a esmerarse para hacerse ver por el pueblo aficionado a algo más que los deportes: son los voxeros.

No existe ningún partido político en España que logre rebasar el aforo de Vistalegre como lo acaba de hacer Vox con sus seguidores en la ya mítica plaza de toros de los Carabancheles madrileños. Casi se podría hablar ya de una tradición.

Es lástima que no se disponga de un dato cualitativo a través de la papeleta de votación. Sería algo así como la intensidad emotiva de cada voto. En tal caso Vox se situaría en cabeza del elenco de partidos, al multiplicar la cantidad de votos por su intensidad. Puede que sea una característica de los partidos nuevos o minoritarios. Es algo que se destacaría aún más si se presentaran partidos como Teruel Existe, el Partido Animalista o el Partido Islámico.

El rasgo distintivo de Vox es el de situarse, no a la diestra o la siniestra del espectro ideológico, sino en frente de todos los demás partidos. Por ejemplo, aunque pueda parecer increíble, es general en todos los partidos establecidos la timidez con que sus huestes enarbolan la bandera de España.
En Vox, al contrario, tal gesto se convierte en motivo de distinción. Si pueden, la hacen ondear en el balcón de su casa. Para Shanti Abascal, en su discurso de Vistalegre, el resto de los partidos constituye «el consenso progre».

Los voxeros, sin quererlo muchas veces, se encuentran enfrentados a la main stream de las opiniones que se estilan, y, por tanto, necesitan navegar contra corriente. Digamos que, dado que se lleva lo políticamente correcto (empezando por esa misma expresión importada), los voxeros se sienten desinhibidos cuando manifiestan sus preferencias. Hay veces en que parecen desahogos o provocaciones. Es natural, por tanto, que el ritual del mitin les siente mejor que a los seguidores de los otros partidos.

Hace un par de años sorprendió a muchos que Vox hiciera central en sus celebraciones los símbolos nacionales, la bandera y el himno. En esta campaña electoral, ya inaugurada de facto, la sorpresa ha sido que el PSOE haya copiado la plástica de Vox al resaltar la palabra «España» como totémica.

Claro que las vergonzosas operaciones de plagio no son ajenas a los dirigentes socialistas, al menos por lo que respecta a su vida académica. Es más, los socialistas, muy lejos ya de la lucha de clases, han acordado el lema de «Ahora, España». No se entiende bien la coma, a no ser que esconda un misterioso verbo implícito. Algunos voxeros han replicado con un eslogan mucho más contundente: «España siempre». Podría decirse también con su miaja de ironía: «España ahora y siempre, por los siglos de los siglos».

Cierto es que Vox se alía con los otros partidos que no son de izquierdas para formar un bloque gobernante allí donde suman los votos. Pero ya hemos visto que el tal bloque no existe realmente. La prueba es que, en cuanto pueden, los líderes del PP o de Ciudadanos se comportan en el poder como si no existiera su aliado voxero.

Así pues, el famoso tríptico de la madrileña Plaza de Colón no es tal a la hora de gobernar. No volverán a reunirse los tres en esa plaza ni en ninguna otra. A los jefes del PP o de Ciudadanos no les sale el automatismo de ponerse en posición de firmes cuando suena el himno nacional; como hace el Rey, sin ir más lejos.

Amando de Miguel ( Libertad Digital )