LA EXIMENTE

Un gobernante de vacaciones tiene sus facultades en suspenso. Ésta es la insólita justificación argüida por el partido Podemos para librar a Pedro Sánchez de explicar la crisis del «Open Arms» ante el Parlamento. Se trata, como es obvio, de un gesto para mantener los puentes de la negociación con Moncloa abiertos, pero sucede sólo unas horas después de que sus portavoces de guardia le zurraran la badana, con razón o sin ella, -con parte de razón, para ser precisos-, al Gobierno y se mostraran dispuestos a solicitar la comparecencia del presidente en el Pleno.

Alguien ha debido de tocar las teclas precisas para exigir una rectificación exprés en forma y tiempo so pena de enturbiar aún más la enrarecida atmósfera del acuerdo, de tal modo que los heraldos de Iglesias se han visto obligados a improvisar un argumento. A pie cambiado, eligieron el más estrambótico que les pasó por el cerebro: que hallándose Sánchez en Doñana, alejado del mundanal ruido y entregado al asueto veraniego, no cabe reclamarle responsabilidades de una gestión a la que por lo visto era ajeno.

Es decir, que la negativa inicial al desembarco de los inmigrantes, el posterior ofrecimiento de varios puertos y la orden final de enviar un buque de la Armada a recogerlos fueron decisiones adoptadas en teoría sin su conocimiento. Que en el Palacio de las Marismillas no hay equipos de comunicaciones y que nadie del Gabinete se atreve a interrumpir el descanso del líder con una simple llamada de teléfono. Esto lo han sostenido, sin que se les caiga la cara de vergüenza por ello, personas adultas que ocupan una representación de relevancia en el Congreso.

La extravagante eximente vacacional equivaldría, pues, a suponer que el país ha estado sin presidente dos semanas. Que a las limitaciones que el período en funciones impone a la gobernanza se suma el intocable derecho del primer ministro a disfrutar como cualquier funcionario de unas fechas de recreo blindadas.

Que el apacible veraneo del César entre paseos marismeños y avistamientos de anátidas no puede suspenderse bajo ninguna circunstancia, se trate de un problema migratorio a escala europea o un incendio en Canarias. Que estricta y técnicamente se habría podido producir una transferencia irregular de poder si la vicepresidenta Calvo ha actuado a sus anchas como máxima autoridad oficial pese a que el jefe del Ejecutivo se encontraba físicamente en España.

A la vista de este razonamiento estrafalario se entiende mal la inquietud gubernamental por la eventual deslealtad de sus probables aliados. Si en un asunto menor y desde la oposición son capaces de envainarse sus bizarros criterios a las primeras de cambio, en su ansiado Gobierno de coalición y con el culo bien asentado en los sillones se allanarán todo lo que sea necesario. Los socialistas no tienen al respecto nada que temer: les van a comer en la mano.

Ignacio Camacho ( ABC )

viñeta de Linda Galmor