LA EXPLICACIÓN PENDIENTE

No hay más que echar un vistazo a las redes sociales y las páginas de los periódicos para constatar el intento del PSOE de convertir esta investidura en una campaña de desprestigio contra la bancada de la derecha, la expresión favorita de Pedro Sánchez en estos días.

Siguiendo la tesis de Lakoff de que siempre gana quien logra imponer su agenda política, los socialistas han intentado centrar el debate en la supuesta incapacidad del PP y Ciudadanos de aceptar los resultados electorales. Adriana Lastra llegó a acusarles de dar un golpe de Estado, mientras Sánchez insistía en presentar a esos dos partidos como un apéndice de Vox.

Es cierto que Casado y Arrimadas podían haber cedido sus escaños para dejar gobernar a Sánchez. Esa discusión sigue abierta. Pero el debate de investidura no tiene por objeto examinar a la oposición sino conocer las propuestas del candidato a presidente. Eso es lo sustancial.

Lo que hemos visto en las pasadas jornadas es la negativa de Sánchez a explicar su pacto con ERC, sus acuerdos con el PNV y cuál es el precio que ha tenido que pagar por la abstención de Bildu. En lugar de profundizar en estas cuestiones esenciales, el líder socialista ha preferido hablar del cambio climático, el euro, el feminismo y la desigualdad.

No desdeño la importancia de estos asuntos, que son de enorme interés, pero hubiera sido deseable que Sánchez explicara también por qué va a negociar con el independentismo fuera de las instituciones y la naturaleza de la consulta que se ha pactado.

Por lo que conocemos del acuerdo con ERC, existen razones para creer que está en peligro el régimen constitucional del 78 y los consensos básicos que han regido nuestra vida política durante 40 años. No me gusta jactarme de haber luchado en mis años universitarios contra Franco, pero debo recordar lo mucho que nos costó conquistar la libertad y la democracia.

Eso se produjo por la creación de un amplio consenso social que obligó al franquismo a hacerse el harakiri. Y también porque Suárez, González, Fraga y Carrillo decidieron poner fin a sus diferencias para hacer posible la Transición.

Todo esto es lo que ahora se puede romper porque Sánchez ha dado un giro espectacular en su discurso y ha pasado de apoyar la aplicación del artículo 155 a abrir una negociación bilateral con el independentismo.

Por tanto, el candidato tiene la obligación moral y política de explicar en el Parlamento qué es lo que ha pactado, cuáles son sus límites y porque confía en que el nacionalismo será un socio leal para gobernar España. Y también qué piensa hacer si Torra persiste en su desafío al Estado.

Lo que haga ahora la oposición es relativamente secundario porque lo que importa es cómo va a gobernar Sánchez. No hay duda de que el Gabinete va a tener toda la legitimidad y la legalidad que deriva de su mayoría parlamentaria, pero ganar unas elecciones no es suficiente para eludir las explicaciones que le piden los ciudadanos.

Quien calla otorga y hasta ahora hemos escuchado un atronador silencio que nos hace temer lo peor.

Pedro García Cuartango ( ABC )