LA FAMA Y EL ÉXITO

Tengo un amigo  actor que jamás va a la entrega de los premios Goya y su ausencia es un gesto de rebeldía y de protesta contra la escenificación falsificada de una fiesta que no es tal, una alegría que va por barrios y sabe a lágrimas de desamor , una apariencia que se disfraza para ocultar la realidad, y un evento esperpéntico  en el que se dan cita los ricos del cine y los pobres de la escena.

Esa noche  muchos de los actores que se sientan en las butacas de más arriba o demasiado laterales, e incluso unos cuantos de los que salen al escenario para leer el nombre de los nominados,  se visten con una sonrisa de circunstancia, un esmoquin o un traje de prestado, y una  añoranza de aquellos años en los que la ilusión y la esperanza tenían argumentos para subsistir.

Muchos ni siquiera pasan por el photocall – que es como llaman los entendidos de la cursilería a una trasera grande y alta  de madera con los logos de los patrocinadores –  y aplauden, con lágrimas de desamor, el éxito efímero de los colegas agraciados que lampan por conseguir un nuevo contrato en la próxima película porque hace ya un año que nadie les llama.

Luego están los de siempre, los millonarios de éxito, dinero, aplausos y lametones del poder, que seguramente se sienten  injustamente tratados si con consiguen el cabezón de Fuendetodos, porque para eso han llegado al olimpo de los dioses de la ficción y están cerca y agradecidos a un Pedro al que Almodovar estuvo a punto de darle un lametón al agradecerle lo magnifico que era y pronosticar   que “cuanto mejor le vaya a él, aun mejor les ira a ellos”.

No sé qué pensaran los actores en paro, pero yo insisto y persisto en mi pequeño homenaje a las mujeres y hombres del teatro, muchos de ellos jóvenes pluriempleados en cualquier cosa menos en lo suyo, que ven como se les van alejando su mes de abril, mientras lloran lágrimas secas de desamor de una profesión que abandona a los suyos y pide subvenciones siempre ara los mismos.

Mariano Barroso, director de cine y presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, dijo hace unos días que “la fama está sobrevalorada y que no hay que confundirla con el éxito”, , y tiene mucha razón  porque El Lute fue famoso  y no tuvo éxito  en sus andanzas como fugitivo de la ley, y el amigo y tocayo de Pedro Almodóvar  también es famoso po0r razones ajenas a la excelencia.

Diego Armario