Prepara Belarra la (aún nonata pero en capilla) ley de Diversidad Familiar y lo más sensato es echarse a temblar teniendo en cuenta el ciclostil de ocurrencias de la extrema izquierda en lo referente a la organización vital y los modelos personales y de relaciones sociales de ellos, ellas y elles.

De la nueva norma apenas se conocen detalles pero ya se sabe que trae un subsidio y un permiso, cómo no, que ya habrá alguien que los pague pues, ateniéndose de manera estricta a la ‘doctrina Calvo’, que dicta desde hace años que «el dinero público no es de nadie».

Hasta nueve moscosos más -días de libre disposición remunerados al ciento por ciento- propone Belarra para todos los empleados, públicos o del sector privado, con el fin de cuidar a familiares o convivientes. Ejemplo, que el niño, la niña o el niñe se pone malo o que el novio, la novia o el novie se siente mal o el compañero, la compañera o el compañere de piso (sin duda conviviente) no se encuentra bien, pues «tranquilo que ya me pido el día en el trabajo».

Como en teoría nadie prevé ponerse malo, seguramente baste con llamar al trabajo unas horas antes para decir «oiga jefe, que hoy no voy».

Así hasta al menos siete veces a lo largo del año, ampliables a dos fechas más si los cuidados son trasautonómicos y que en el caso de los funcionarios habría que sumar a los seis moscosos ya existentes.

Naturalmente, pide también Belarra una paga de cien euros al mes por crianza de hijos pequeños.

España entera está pendiente de la nueva definición y taxonomía de la familia según el sanchismo, que de tan ‘innovadora’ como se prevé promete fuertes emociones.

Álvaro Martinez ( AB )