Esa foto de ayer en la puerta del Congreso de los Diputados  poniéndole los puntos sobre las íes a Pablo Casado le ha salido borrosa, y aunque no la conozco personalmente, me  da en la nariz que es una mujer recalcitrante y pétrea, dos adjetivos que no tienen por qué ser descalificativos.

Lo que ha sucedido con Cayetana Álvarez de Toledo no es frecuente porque en algunas organizaciones siempre existe el apaño y el acuerdo a la baja, pero esta vez ha sido imposible porque ella ha roto con la tradición  de la omertá, que obliga a los miembros de una organización a morir políticamente con la boca cerrada.

Siempre me ha parecido una cursilada llamar “verso suelto” a lo que en realidad es una pelea inútil contra todo un aparato organizativo que premia la lealtad por encima de la inteligencia, y lo que hizo ayer la ex portavoz del PP fue una rajada en toda regla como acto previo a la condena de por vida  que una  organización ejecuta contra el traidor  que ha incumplido sus reglas.

Los partidos políticos, por más que sus estatutos los definen como organizaciones de funcionamiento democrático,  son estructuras piramidales  que acaban convirtiéndose en una oficina de empleo bien pagado por los contribuyentes, en las que sus empleados tienen garantizado el bienestar y  no pocos privilegios, siempre y cuando  no se desvíen de lo que diga el jefe.   Tan es así que la prensa habla con absoluta naturalidad del PP “de Pablo Casado” o del Psoe “de Pedro Sánchez”  como si fuesen los dueños y fundadores de sus respectivas empresas.

Ayer Cayetana Álvarez de Toledo en sus 35 minutos de gloria dijo que “el ejercicio de la libertad no es patrimonio exclusivo del jefe”, y así lo demostró porque ella ejerció la suya antes de cerrar la puerta por fuera, que es lo que tal vez haga próximamente, salvo que elija el silencio aburrido en un escaño en el gallinero de la bancada del PP.  Yo no descartaría ninguna opción porque el placer de inquietar al jefe  está reservado para gente  con una buena cabeza.

A mí el personaje me resultaba interesante, y si no fuera porque en este contexto podría resultar improcedente la metáfora diría desde siempre me han resultado más excitantes las neuronas de algunas mujeres  que los atributos físicos con las que las doto la madre  naturaleza.

Lo que ha sucedido con  Álvarez de Toledo no es nuevo porque  desde antiguo se sabe que  el que se mueve no sale en la foto.  De los  políticos se espera que sean maleables, oportunistas,  poco aficionados a mantener su palabra, y que no cometan el error de pensar en voz alta sin antes haber calculado cómo le sentará a su jefe lo que dicen.

La ex portavoz del PP tenía a sus enemigos en su propia bancada, y tan cerca que el lanzador murciano de huesos de aceituna no habría tenido que esforzarse nada para colocarle una entre los rizos de su melena. A partir de ahora la nueva portavoz será una señora que se llama Concepción pero prefiere que la llamen Cuca.

Diego Armario