LA FRACTURA INMINENTE DE LA IZQUIERDA

Con la «operación diálogo» en Cataluña estancada y abocada al fracaso tras la amenaza de Joaquim Torra de «atacar» al Estado en un otoño conflictivo, Pedro Sánchez ha empezado a asumir como factible la celebración de nuevas elecciones en esa autonomía. Cataluña quedará en septiembre al albur de los tuits de Puigdemont, de la apertura de juicio a los acusados de rebelión, de un Torra erigido en presidente accidental, y del secretismo con que el PNV y ERC intentan reconducir la deriva separatista para facilitar a Sánchez una hipotética reelección en 2020.

Cataluña es sinónimo de metástasis, y los gestos de permisividad del PSOE solo están orientados a conseguir votos cuando se celebren elecciones generales. Sánchez sabe bien que no sacará nada en claro de Puigdemont y Torra, y que el resto será la perpetuación artificial de un delirio del que el Gobierno se protege en términos de mercadotecnia haciendo «política» a sabiendas de su flagrante inutilidad. Por eso, los intentos de mutua desactivación entre el PSOE y Podemos, socios coyunturales hasta que rompan camino de las urnas, serán determinantes este otoño.

Salvo una rectificación estratégica de Podemos que hoy no se maneja, será cuestión de tiempo comprobar cómo fuerza al PSOE a perder las votaciones en el Congreso para alterar la senda de déficit pactada con la Comisión Europea y la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera. Más allá de Cataluña, el principal lastre ideológico para Sánchez será gobernar todo un año con la prórroga de los Presupuestos Generales aprobados por Mariano Rajoy.

Segundo, tratar de recuperar los estandartes ideológicos que Sánchez ha monopolizado, aunque ya sea tarde. Podemos ha perdido la iniciativa de una memoria histórica sectaria y revanchista que comenzaron sus más relevantes alcaldes, y ahora le resulta imposible competir con el fragor propagandístico del proceso para la exhumación de los restos de Franco.

Y tercero, recuperar su difuminado perfil de revolucionario «asaltante del cielo», y no de burgués acomodaticio de chalé y sueldo público. Hoy Podemos empieza a quedar inerme ante la radicalización estética y de fondo de Sánchez. Con Iglesias ajeno a sus principios fundacionales, el PSOE promueve la agitación ideológica por la izquierda y la salvaguarda del bipartidismo por la derecha. Se trata de que la ley D´hondt, la única que realmente parece importar en España, le cuadre. No hay más.

Manuel Marín ( ABC )