LA FRANQUICIA CATALANA DE BATASUNA

A principios de los años noventa, ETA quiso probar suerte abriendo franquicias de Batasuna fuera del País Vasco y en Cataluña le confió a David Fernández, íntimo amigo de Arnaldo Otegui, la creación de la PUA (Plataforma d’Unitat d’Acció). Cristalizó de este modo la fascinación por el submundo abertzale que sentía entonces el muy minoritario y marginal independentismo catalán. La PUA, una organización fundamentalmente juvenil, desembocó en la CUP (Candidatura d’Unitat Popular), que le copió hasta el nombre a Herri Batasuna (que en español es Unidad Popular).

David Fernández, conocido en su mundo independentista como «el chófer de ETA», porque a pesar de no tener carné de conducir era quien acompañaba a Otegui en sus estancias en Cataluña, fue el primer candidato de una CUP que siempre ha pretendido «batasunizar» la vida pública catalana con su activismo callejero, su violencia de baja intensidad y su bloqueo institucional permanente, dinamitando cualquier intento de articulación política del propio independentismo.

Pero en los últimos años la admiración ha cambiado de aldea y la CUP ha desbordado a Batasuna. Cuando Anna Gabriel se negaba a votar la investidura de Artur Mas, el entonces presidente en funciones le pidió a Otegui que tratara de convencer a sus cachorros. Otegui lo intentó pero sin conseguirlo. «Ahora que yo me he vuelto socialdemócrata, ellos se han hecho de La Polla Records», ha ironizado el presidente de los batasunos.

También la CUP buscará hasta el último momento la repetición electoral en Cataluña, segura de que mejoraría su resultado y con él sus cargos y recursos económicos a repartir. Tras la debacle de diciembre (cayeron de 10 diputados a 4) tuvieron los anticapitalistas que hacer un ERE y si Anna Gabriel está en Suiza es mucho más por buscarse la vida que por miedo a la Justicia, que no la acusa de absolutamente nada, porque nada hizo ni por el referendo ilegal de octubre ni para luego declarar la independencia.

En estas vidas paralelas hay algo que es a la vez muy ridículo, por parte de la CUP, y que sin embargo los catalanes y el conjunto de la sociedad española agradecemos tanto. Lo ridículo es que si el submundo etarra ha pagado un alto precio -como así tiene que ser- por sus actos, la retórica batasuna les ha salido gratis a nuestros antisistema de ir por casa, que nunca han asumido ningún riesgo ni personal ni político: ninguno de ellos está en la cárcel y el periplo suizo de Anna Gabriel es una broma, como lo es la CUP en general, toda ella una tienda de artículos de broma con sus bombas fétidas, su cojín de las pedorretas y esos penes de plástico que si les das cuerda se ponen a andar encima de la mesa.

Y eso mismo es también lo que tanto agradecemos los catalanes: que así como cualquier alegría por la rendición de ETA viene lastrada por la memoria de las más de 800 personas a las que asesinó la banda, el día que la CUP dimita de sus majaderías podremos cambiar de conversación, y entretenernos con cualquier otra tontería como si nada hubiera sido, porque no ha sido nada, y estos chicos, con sus excentricidades incluidas, son el resumen perfecto de la vacua cursilería del proceso independentista en general: los miembros de Convergència y Esquerra que están en prisión o en el destierro no es porque hayan sido unos héroes, sino porque en su patética ignorancia de lo que es España, creyeron que el Estado se lo tomaría todo tan a broma como ellos.

Salvador Sostres ( ABC )