LA GALLINA

Podemos en su intento a la desesperada por evitar unas nuevas elecciones que van a destrozarles; Podemos en su vana pretensión de disimular que ha perdido todo lo que anhelaba y que le tiene miedo a la democracia, a la gente a la que no hace ni un año tanto apelaba, me recuerda a estos vídeos que se han hecho virales sobre los dementes que separan a las gallinas para que no las violen los gallos.

Los que querían tomar el cielo por asalto, y de verdad creían que iban a tomarlo, se han quedado como cuatro lunáticos repitiendo sandeces que a nadie importan y que ya nadie teme. Tal vez éste haya sido el mayor desprestigio de Podemos: que han dejado de darnos miedo. Para nosotros son sólo ya youtubers perturbados de pobres gallinas que no deben de entender nada.

Lo que le ha sucedido a Podemos, y el ridículo que está haciendo, es especialmente aparatoso y parodiable, pero sería un error creernos definitivamente a salvo de que también a nosotros nos pase. Cuando nos obcecamos, cuando perdemos el sentido de la realidad, cuando nos hacemos los salvadores de un mundo que funciona perfectamente sin nuestra ayuda, y sobre todo sin nuestra locura, nos parecemos mucho más de lo que creemos a los chiflados youtubers de las gallinas.

Le ha pasado a Podemos, les ha pasado a los independentistas. Tuvieron su momento y no supieron entenderlo, ni administrarlo, y una mezcla de ignorancia y de arrogancia, de narcisismo y de alarmante falta de gratitud les convirtió en parodias de sí mismos, en cronistas de gallinas, en majaderos expuestos a la gran carcajada del mundo.

Es normal que Pedro Sánchez no te quiera, Pablo. Y no porque seas comunista -que también es muy feo-, sino porque eres el loco de las gallinas. Es normal que no quiera pactar contigo, porque nadie quiere tener en su gobierno a iluminados que confunden a las personas con los animales, los parlamentos con los corrales, o lo que es lo mismo: España con Venezuela, con Irán o con Cuba; la bella y difícil libertad con las más oscuras y criminales tiranías.

Puedes rendirte, humillarte, convertirte en el felpudo de los socialistas. Ni así les gustarás, ni así confiarán en ti, pero es el único modo que tal vez tengas de evitar que la turba a la que excitaste contra el orden y el sistema te demuestre ahora su desprecio, y lo que es peor, su ninguneo, el total olvido. Entre el descalabro electoral y lo que quede de dignidad política, está tu única elección, siempre en el corral de las gallinas.

El cielo que querías tomar no existe, y el Cielo de verdad no se toma por asalto sino por amor, por ternura y por generosidad, algo que es dulce y digno que hayas tenido con tus hijos, pero con nosotros nunca tuviste esta clase de piedad, y así te ha ido.

Cacarean los youtubers de las gallinas como Monedero y tú cacareasteis para hacernos chantaje y aterrorizarnos: al final, es una cosa y lo mismo no entender que los gallos no «violan» a las gallinas y no entender que la libertad, la prosperidad y la redistribución de la riqueza sólo son posibles desde el más rutilante, brillante, boyante capitalismo.

Salvador Sostres ( ABC )