LA GATERA DE PODEMOS

El pasado diciembre, bajo la marca de Adelante Andalucía, Podemos sufrió en ese territorio un severo descalabro en coalición con Izquierda Unida. Transcurridos casi dos meses, no se ha oído en la formación tardocomunista nada parecido a una razonable autocrítica. La reacción de Pablo Iglesias consistió en llamar a sus bases a una «alerta antifascista» que trataba de disimular la evidente caída colocando el foco sobre el éxito de Vox y su inesperada fuerza disruptiva.

Los hechos, sin embargos, son tercos: en el escenario andaluz su partido ha pasado de tercera a cuarta fuerza política y las encuestas le auguran un resultado similar a escala nacional en las próximas elecciones legislativas. Ni siquiera la confluencia con las llamadas «mareas» regionales le permiten hoy una proyección optimista.

La sonada defección de Íñigo Errejón en Madrid ahonda la percepción de esa crisis de modelo y de liderazgo. Con un Podemos fuerte como el de hace cuatro años, ni Manuela Carmena hubiese independizado su lista ni Errejón se habría echado por sorpresa en sus brazos.

Ambos huyen de una organización que parece haberse convertido en un chicharro para buscar a la izquierda del PSOE -o en discreta aproximación a él- su propio espacio. El manifiesto deterioro de las relaciones personales de ambos con Iglesias no basta para explicar este paso; el cofundador del partido, el teórico de su estilo populista, tiene motivos para sentirse preterido y humillado pero sin las evidencias de declive es difícil que se hubiese atrevido a un desmarque tan claro.

El mensaje a la opinión pública de los dos dirigentes madrileños es que Podemos está estancado, y que la impronta personalista, autoritaria, del líder y su pareja Irene Montero lo conduce hacia una inevitable cuesta abajo. La creación de candidaturas autónomas apunta un último intento de eludir el fracaso, al otro lado del cual espera un socialismo siempre dispuesto a acoger a los arrepentidos bajo su manto.

Pero aunque los podemitas hayan dejado pasar su momentum, ese estado de eclosión que en 2015-16 estuvo a punto de consumar su célebre asalto a los cielos, continúan teniendo serias posibilidades de llegar al Gobierno. Para Pedro Sánchez, la principal opción de renovar mandato pasa por una alianza con ellos, aun al ineludible precio de entregarles el control de varios Ministerios.

El desplome del bipartidismo va a liquidar los Gabinetes monocolores en España por bastante tiempo, de manera que cualquier formación en retroceso podrá sacar de sus escaños un rendimiento estratégico. En ese sentido, aunque Iglesias ya no esté en condiciones de aspirar a la hegemonía de su proyecto, todavía tiene a su alcance, por la gatera, el ejercicio de un poder real, incompleto pero tangible y auténtico. Qué importan los errores si al final tienen premio: un verdadero comunista siempre sabe que el camino nunca es recto.

Ignacio Camacho ( ABC )

viñeta de Linda Galmor