LA GRAN ESTAFA

Iba a empezar calificando la semana que empieza como crucial, pero me doy cuenta de que llevamos muchas semanas, e incluso meses cruciales sin que pase nada excepcional, es más, empeorando la situación.

La famosa «mesa de diálogo» para encauzar definitivamente el conflicto catalán a celebrar el miércoles, no tiene aún agenda definitiva, ni objetivos señalados ni participantes siquiera, ya que empezó siendo entre PSOE y ERC, para ampliarse luego a Torra, que a su vez quiere incluir a Omnium, ANC y CUP, es decir, el nacionalismo radical, mientras Puigdemont empieza a hacer la guerra a Junqueras apoyado por ¿lo adivinan?, Mas. Por no hablar del «relator», que JpC considera necesario, mientras ERC lo juzga prescindible.

Todo indica que se necesita un mediador, pero no entre las partes, sino entre los nacionalistas, que luchan entre sí por quedarse con Cataluña, ante un Sánchez dispuesto a darles cuanto le pidan, por humillante que sea, como pospuso a petición de Torra, la cita, que puede volver a posponerse o incluso no celebrarse como el cuento de la buena pipa.

Mientras en la acera de enfrente, el PP ha caído en la trampa nacionalista de ¿qué eres más, español o catalán, vasco, gallego?, cuando la realidad es que ser gallego, vasco o catalán son formas de ser español. Baroja llegó a decir incluso que lo vasco es el alcaloide, la quintaesencia de lo español y he conocido a catalanes más «españolazos» que si hubieran nacido en Lavapies.

Los españoles nos hallamos en la gran confusión traída por unos políticos que piensan antes en su partido (en realidad, en ellos mismos) que en España. Y no va a ser fácil salir de esta encrucijada, que no favorece más que a los ventajistas que intentan sacar de España cuanto pueden, aportando lo menos posible.

¿Cómo es posible que, en pleno siglo XXI se invoquen y tengan en cuanta fueros medievales? Es como reclamar el derecho de pernada. Pero gracias a tal fraude, los nacionalistas vascos están a punto de merendarse Navarra, que necesitan ser nación y Estado.

Otro (mal) ejemplo, acabamos de tenerlo en el encuentro de la ministra de Asuntos Exteriores con los alcaldes del Campo de Gibraltar. Salieron estos satisfechísimos con el panorama que les ofreció: mantener la fluidez de la frontera con la colonia militar inglesa, con los acuerdos sobre impuestos, residencia y flujos de todo tipo.

Alguno incluso comentó que lo que habría que hacer es acabar con los controles y dejar que «los dos pueblos se reúnan». Olvidando que fueron expulsados y que seguirían siendo criados de los dueños de las apuestas, el contrabando y las cuentas opacas en la colonia inglesa, fuera ya de la Comunidad Europea.

También los nacionalistas catalanes vascos y gallegos quisieran algo parecido. Y lo más triste es que tienen al otro lado de la mesa un presidente del gobierno español dispuesto a escucharles y, por lo que estamos viendo, a dárselo. Hasta ahí llega la gran estafa.

José María Carrascal ( ABC )