LA GRAN FARSA

La primera medida de Sánchez tras ocupar el poder de mano de los enemigos de España y sin ganar unas elecciones no fue económica. Tampoco social, aunque se ponga estupendo hablando de una España más justa. La primera medida fue un decreto urgente para someter a RTVE a la férula del PSOE y Podemos. La coartada era que el ente público se encontraba en situación «anómala, excepcional y de emergencia».

En una entrevista de cámara en la Moncloa con los periodistas Ana Blanco y Sergio Martín, el flamante presidente Sánchez explicó que «mi compromiso es que RTVE no esté al dictado de ningún Gobierno ni partido». A uno de aquellos dos profesionales, Martín, ya lo han laminado de «Los Desayunos», que presentaba y dirigía con eficacia y buena audiencia. ¿La razón? No era un progresista pata negra. Ya viene un repuesto fetén de la etapa zapaterista.

Tras colocar a Rosa María Mateo al frente de RTVE, para lo que no está formada ni capacitada, Sánchez anunció una televisión «pública, plural y de calidad». Por motivos profesionales suelo seguir el canal de noticias 24 horas. Ya ha virado hacia el PSOE, igual que los telediarios. Baste con ver, por ejemplo, como enfatizan el supuesto caso Casado y como soslayaron en los telediarios la polémica del empleo de la mujer de Sánchez, que centraba esta semana la conversación política y mediática del país.

Ayer Sánchez recibió a Merkel en Doñana. La canciller y Rajoy mantenían una buena relación y ella ya había hecho dos visitas oficiales en su etapa. Cuando las ruedas de prensa de Rajoy con un líder foráneo coincidían con un Telediario, se hacía una conexión breve y el desarrollo continuaba en el 24 horas. Ayer, en la TVE «plural que no está al servicio de ningún partido», el Telediario fue interrumpido para conectar con Doñana y emitir en directo una chapa de Sánchez de cinco minutos, ahíta de tópicos sobre la UE. Cuando iba a hablar Merkel, cortaron. Al final del informativo volvieron a endilgarnos a Sánchez.

Todo es una farsa. TVE ha sido sometida con urgencia porque este es el Gobierno de la propaganda. Maniatado en el Congreso y con unos socios antiespañoles e imposibles, el Ejecutivo no tiene más objeto que el culto a presidente, con la ilusión de que en los próximos comicios mejore. Todo es gas, como el ridículo sofisma que se ha inventado Sánchez para despejar su chapuza migratoria: «La inmigración no llegó con este Gobierno, con este Gobierno ha llegado la política migratoria».

Como español, ayer sentí sonrojo por la deslealtad de Sánchez, quien ante la mandataria alemana se soltó a hablar mal del anterior Gobierno de España, cuando en realidad controló las fronteras bastante mejor que él, pues aquí solo existe un hecho irrefutable: antes no había el descontrol que comenzó tras el torpe logo de bienvenida del «Aquarius».

Luis Ventoso ( ABC )
viñeta de Linda Galmor