LA GRAN FINAL

Se marchó Rajoy. A su manera. Sin filtraciones. Sin efusiones sentimentales todo a cien. A sus 63 años deja la política el más británico de nuestros presidentes, un irónico inglés de Pontevedra, que siempre ha observado la buena educación (valor a la baja en un país sobreexcitado). Algún día se hará inventario de los servicios de este político diésel, que no emocionaba ni tenía reprise, pero que rodaba con seguridad.

Pero Mariano ya mora en la historia. Todo discurre vertiginosamente en la era internet, que acelera el usar y tirar. En un par de meses el PP tendrá nuevo líder, el encargado -o encargada- de zambullirlo en el siglo XXI, remozar su fachada, desinfectar su cocina. Cancha abierta por fin para una liza soterrada que bajo cuerda, muy florentinamente, lleva años disputándose: Soraya versus Feijóo, o viceversa. Varios actores habrán fabulado con pernoctar en La Moncloa (Cospedal, Ana Pastor, Casado… hasta Cifuentes soñó el cuento de la lechera). Pero al final la sucesión se la jugarán (si así lo desean) los dos mejores: la reina de la maquinaria administrativa española desde 2011 y uno de los pocos políticos europeos que ha enlazado tres mayorías absolutas en plena resaca de la crisis.

El orensano Feijóo, de 56 años, y la pucelana Santamaría, de 47, hasta ahora correctos enemigos íntimos, guardan similitudes. Representan una derecha poco ideologizada; podrían estar en Ciudadanos, o en el flanco diestro del PSOE felipista. Ambos se licenciaron en Derecho y son funcionarios, aunque Santamaría presenta más lustre académico (primera de su promoción universitaria y abogada del Estado). Ella es también más lectora y políglota. Ambos son padres de un único hijo y ninguno contrajo nupcias en una iglesia.

Los dos conocen perfectamente los engranajes de la administración, son oradores resolutivos y muy currantes. Por último, encarnan lo que en el Partido Conservador inglés llamarían «tories de cuello azul», vienen de la clase media: el padre de Soraya trabajaba en un almacén de construcción y su madre era peluquera; el padre de Feijóo conoció en algún momento el paro. ¿Dónde comienzan las diferencias? En el único lugar que importa en democracia: las urnas. Y ahí media un trecho: Feijóo es un ganador testado, mientras que Santamaría jamás se ha probado como cabeza de cartel, pues ha hecho su carrera en la fontanería interna. Feijóo es también más querido en su partido que su rival. Le beneficiará además que Cospedal, una vez caída de la carrera, no remará precisamente a favor de la ex vice, pues se detestan mutuamente. Por último, el envite catalán no engrandeció a Santamaría, que garantizó que abortaría el referéndum y falló.

Luis Ventoso ( ABC )