LA GRAN MENTIRA DEL » DIÁLOGO »

El mismo día en que el Gobierno confirmaba que Pedro Sánchez se reunirá el 6 de febrero con el inhabilitado presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, el líder de ERC preso por sedición y malversación, Oriol Junqueras, fue recibido con honores en el Parlament para oírle decir que el separatismo volverá a celebrar una consulta ilegal y declarará la independencia.

Este es el sonrojante estado de cosas en una Cataluña donde ni siquiera sus socios de gobierno aplauden a Torra, donde Esquerra ya ha roto drásticamente con JpC para alimentar nuevas elecciones y donde Pedro Sánchez se ha propuesto blanquear a unos delincuentes para darles la voz y el voto que niega al resto de españoles respecto al futuro de Cataluña.

La recepción que el Parlament dispensó ayer durante unas horas a los convictos del secesionismo fue un intento incomprensible de normalizar lo anómalo y de dar naturalidad a un ataque al Estado de Derecho. Junqueras y el resto de la cúpula golpista no son ni héroes ni víctimas, sino unos individuos condenados por delitos muy graves, y su comparecencia ante una «comisión» que «investiga» la aplicación del artículo 155 de la Constitución fue solo una burla mitinera y una maniobra ilegítima para desprestigiar a nuestros Tribunales de la que Sánchez es cómplice.

Aun así, debe quedar esperanza. Ayer, el TC emplazó a la Fiscalía a pronunciarse sobre si es procedente actuar penalmente por desobediencia contra Roger Torrent, tras haber permitido en octubre que el Parlament debatiera una iniciativa contra la sentencia condenatoria del TS.

Lo tenía expresamente prohibido y Torrent lo permitió. Lo mínimo es investigarlo, y servirá también para conocer qué grado de resistencia o sumisión existe en la Fiscalía, de la que Sánchez pretende adueñarse para manejarla a su antojo.

Con Torra no hay nada que «dialogar» por más que Sánchez repita esa palabra como si fuese un mantra mágico. El peligro que ahora se cierne sobre la unidad de la nación no proviene solo del separatismo, que es transparente y no engaña a nadie sobre sus objetivos contra España, como reafirmó ayer Junqueras con una apología parlamentaria de sus delitos.

Proviene del Gobierno socialista y de Podemos cuando da carta de naturaleza a Torra y a sus mofas contra las instituciones y contra los Tribunales. Sánchez incurre en una conducta semi-prevaricadora al justificar lo injustificable, o al defender que aunque Torra ya no sea diputado -ERC lo ha dejado caer sin ofrecer resistencia-, sí sigue siendo presidente de la Generalitat.

Es el retorcimiento de la ley al servicio de una mentira, y algún día Sánchez tendrá que dar explicaciones de por qué ha claudicado tanto, olvidando que la inmensa mayoría no quiere ver rota a España.

ABC