Los activistas de la izquierda tienen en la mente las frases literales de sus admiradores y todas las atrocidades que cometieron como ejemplo de la obra bien hecha, mientras citan a Francisco Largo Caballero, o Indalecio Prieto y dicen que son sus modelos a seguir. Su criminalidad es perfecta para ellos, en los que nunca caerá la misericordia de Dios, con sus semejantes, ni por asomo.

Ya se vio la misericordia que tuvieron con sus víctimas en la guerra. Las dos horribles estatuas de este par de asesinos están en Nuevos Ministerios del Paseo de la Castellana de Madrid -ya hemos hablado de ellas- y deben ser retiradas según la ley española de memoria histórica y la legislación europea al respecto, pero no les da la gana de quitarlas.

Y como se creen por encima de la Ley y la razón que es la suya, pues sirva de muestra este botón, como ejemplo de su comportamiento. Lo justo es que las lleven de allí lo mismo que quitaron antes la bonita estatua ecuestre de Franco, frente a lo que es hoy el llamado Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en la Plaza de San Juan de la Cruz.

Y como no quieren retirar los dos monstruos negros de las representaciones dichas, que pongan la del Caudillo, que la devuelvan a su sitio y la dejen como estaba, si no es que la molieron. (O todos o ninguno) Sería este caso de equidad, el primer paso para buscar la justicia y liberación de los socialistas que nos sometieron con su causa.

Hay que liberar a España del socialismo y sus filiales, lo mismo que fue liberada en la guerra civil, llamada también Guerra de Liberación; guerra que el frente popular y el rojerío hizo estallar cuando rompió urnas, no respetó la ley como aconsejaba Largo Caballero, al frente de las hordas rojas, que quemó las iglesias, dispersó el pistolerismo, etc., y así hasta asesinar al jefe de la oposición, Calvo Sotelo, y a unos cuantos más antes.
Pues el socialismo es eso: hambre, miseria y muerte; el cataclismo, y cárcel invivible de la que todos quieren salir. Menos sus dirigentes.

La guerra de liberación es la que ya estamos librando hoy, frente a lo que traerá la barbarie roja si no se corta antes. El PSOE debe desaparecer con sus sindicatos igual de ladrones UGT y CC.OO., Son la quinta columna o tentáculos ocultos del comunismo para introducirse subrepticiamente en la sociedad. Si bien hasta ahora, todo ha sido tragar, y aguantar los despropósitos y desastres de los socialistas, y no se han visto grandes logros, lo principal ya se ha sembrado: la verdad.

La verdad para neutralizar la mentira sistemática socialista, pues en ellos mentira lo es todo. Son lo malo que conduce a lo peor. Hay que desengañar a los españoles; mentalizarles de ante quiénes están y del peligro que comportan. No olvidar todo lo que hicieron los rojos en la guerra civil, para que no se vuelva a repetir.

La corrupción y la prostitución -que es lo propio del socialismo depravado- están metidas por todos los intersticios institucionales del Estado. En la sociedad pasa lo mismo. No queda un rincón patrio que no esté contaminado de su tóxica filosofía.

En el congreso de Diputados, pasa igual; basta con oír lo que Macarena Olona acusó a Meritxell Batet su presidenta, que saltándose la ley como siempre y haciendo caso a su jefe, metió a la Eta Bildu, Junts y la Cup, y los separatistas en la comisión de secretos oficiales del Estado, uso de los fondos reservados y actividades del CNI, para que sean ellos quienes espíen a los no nacionalistas.

Eso es mucho más que meter al zorro en medio del gallinero. Eso es saber qué piensan las gallinas. Con eso sacaron a los golpistas catalanes del montaje que decía que les espiaban y de lo que se quejaban amargamente. La amargura era una trampa para conseguir sus propósitos. Pedro Sánchez se cae si no le sostienen los enemigos de España.

Pero el precio de la aberración la paga el Felón robándonos lo nuestro. Los golpistas consiguieron engañar al gobierno; es como cuando un ladrón roba a otro ladrón. O un criminal mata a otro.

Entre navajeros y trileros anda el juego. ¿Qué más podemos pedir? ¿Qué más vamos a esperar, si el tiempo se acaba?

Fígaro ( El Correo de España )