LA GUERRA DEL COVI-19

Estamos en el fragor de la batalla decisiva de esta guerra, con ofensiva general del virus desde las posiciones alcanzadas y el Gobierno echando mano de todas sus fuerzas y armas para contenerle. Tras semanas de relativizar el impacto de la epidemia, confiando que se iría frenando por sí sola, Sánchez y su equipo se han dado cuenta de que estaban a punto de ser arrollados, como ocurrió en Italia.

Fue cuando decidieron lanzar una contraofensiva total, desde inmovilizar a la población, movilizar a la Unidad Militar del Emergencias, algo a lo que no se atrevió Rajoy con el 155, pasando por disponer 200.000 millones de euros para que la crisis sanitaria no se convierta también en crisis económica. Pues los cálculos se había quedado cortos.

Se contaban como «sanos» a los infectados ya sin virus y resulta que pueden seguir transmitiendo la enfermedad hasta 15 días después de ser dados de alta. O no hacer la prueba a quienes sólo tenían «síntomas leves», cuando ahora se sabe que incluso hay quien no tiene ninguno de los síntomas y puede ser portador del virus. ¿Por qué se actuó así?

Pues por no haber experiencia con este virus que si a primera vista parece una gripe benigna, está resultando más peligroso que todas ellas. Sólo al comprobarse estos hechos y dispararse el número de infectados y muertos (que no son solo persona mayores, también hay jóvenes) sonaron los timbres de alarma y puesto en marcha todos los recursos.

El Pedro Sánchez que los expuso ayer a los españoles era un Pedro Sánchez totalmente desconocido. Fue el suyo un llamamiento desesperado tanto a los trabajadores que van a perder el empleo, asegurándoles que no perderán las prestaciones, aunque no hayan pagado las cuotas porque el Gobierno está dispuesto a cubrirlas, como a los empresarios para que no despidan empleados, asegurándoles que cubrirán sus gastos.

Pero de entrada va a haber 400.000 bajas temporales en el sector automovilístico y se espera que lleguen al millón. Idéntico ruego hizo a los autónomos y pequeños empresarios, que son los que más empleo crean, que podrán posponer sus distintos pagos al Estado y la Seguridad Social.

La cuestión es si esos 200.000 millones de euros previstos para cubrir el agujero que dejará el virus bastarán. Porque aunque parezca mucho dinero, que lo es, no sabemos a cuánto ascenderán los daños, al no saber cuanto durará frenar la epidemia.

Además, el Estado aportará 170.000 millones, el resto lo aportarán los empresarios, y ¿confiarán en un Gobierno que cometió el error garrafal de permitir las manifestaciones del 8-M, cuando el virus andaba ya suelto por el país? Por no hablar de si puede hablarse de gobierno de coalición, pues a las diferencias entre Sánchez e Iglesias, se unen las que tiene con Torra a propósito del Estado de alarma. Que son quienes le mantienen en La Moncloa.

Y lo malo para Pedro Sánchez es que puede engañar a todo el mundo, pero no a un virus.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor