Sólo les falta el último parte: «Cautivo y desarmado el ejército fascista, las tropas republicanas han alcanzado sus últimos objetivos. La guerra ha terminado. Pedro Pablo Sánchez Iglesias, La Moncloa, 17 de septiembre de 2020». Para una guerra que empezó el 18 de julio de 1936 es, desde luego, la más larga de las españolas, casi una guerra de cien años, como la de Francia e Inglaterra a finales de la Edad Media.

Pero es lo que han soñado los vencidos desde que tuvieron que exilarse o someterse al yugo de los vencedores: ver a Franco expulsado de su mausoleo, convertido en cementerio público, las sentencias de sus tribunales anuladas y declaradas ilegales todas las asociaciones que hagan apología de aquel régimen, como si la guerra hubiera sido un mal sueño y la era franquista, una pesadilla,

Y, mucho más grave, como si no hubiera habido luego cuatro décadas de democracia, con todas sus ventajas e inconvenientes. A la Transición ni se la cita, cuando fue el periodo de mayor transformación política y económica del país. Como si, de un salto, España hubiese pasado de la Segunda República a la Tercera.

Y no ha sido así. Las cosas ocurrieron de otra manera. Franco murió en su cama mientras la inmensa mayoría de los líderes republicanos murieron en el exilio. España pertenece a todas las instituciones internacionales, desde la ONU a la UE, pasando por la OTAN, y físicamente no se parece en nada a la de hace cien años.

Recibe cada año el doble de turistas que habitantes, es la gran huerta de Europa, los pasos a Galicia y Andalucía se cruzan sin levantar el pie del acelerador y cientos de miles de extranjeros la han elegido como lugar de su jubilación. Por algo será, pues no son tontos. Todo ello gracias a los cambios ocurridos, que quieren olvidarse.

Y sólo los resentidos lo intentan. Esa Transición silenciada, esa guerra civil, esos cambios de todo tipo existieron y aún existen. Estamos ante un ejercicio de imaginación, como el de Hitler con su Reich de Mil Años, que apenas duró diez.

Algo deben de olerse los autores de tamaña fantasía, porque en vez de llamarla «Memoria Histórica» -una contradicción, pues la memoria es individual y la Historia, colectiva- han cambiado el nombre y ahora la llaman «Memoria Democrática», lo que es un error aún mayor, al ignorar todo un periodo, algo típico de las dictaduras.

Y ya sabemos que quien ignora la Historia está condenado a repetirla.

Al binomio Sánchez-Iglesias les salió bien el asalto a Rajoy uniendo todas las fuerzas contra él y su Gobierno. Lo consiguieron y ahora intentan hacer lo mismo, pero les será mucho más difícil, ya que tienen ideas distintas, e incluso opuestas, de lo que España es y significa. Y vamos a oír también a los españoles hasta ahora silenciosos que quieren seguir siéndolo.

Y son bastantes más de lo que dice Tezanos en sus encuestas.

José María Carrascal ( ABC )