La entrega de las armas por parte de la organización terrorista ETA, si es que las han entregado en su totalidad, no significa que se haya finiquitado el problema vasco como afirman en unos comentarios los políticos progresistas, sino que éste, lejos de cambiar su estrategia política y objetivos, abandona uno de los tipos de guerra que se definen en los reglamentos militares, guerra asimétrica, para centrarse en otra, la guerra psicológica, como medio para alcanzar sus fines.

En su definición técnica, guerra psicológica, o guerra sin fusiles, es el empleo planificado de la propaganda y de la acción psicológica orientadas a direccionar conductas, en la búsqueda de objetivos de control social, político o militar, sin recurrir al uso de las armas, o en forma complementaria a su uso. Su objetivo es ganar las masas.

Me viene a la memoria una cita de Franklin Delano Roosvelt: «En la política nada ocurre por casualidad. Si algo sucede, se puede estar seguro de que ha sido planeado así». Y política es lo que está haciendo ETA desde las Instituciones, con la finalidad de dirigir, orientar e impulsar procesos sociales utilizando una finísima y estudiada ingeniería orientada a los procesos sociales.

Vale repetir: la guerra trastrueca todos los vínculos del hombre, como ha sucedido en las Provincias Vascongadas durante la guerra terrorista y el resultado lógico de ello es un estado particular en la población que se traduce en una desconfianza recíproca co­lectiva, especialmente en los primeros tiempos, en los años 80 y 90 del pasado siglo.

Es tan profundo y orgánico el cambio que produce la guerra, cualquier tipo de guerra, en un pueblo, y de naturaleza tan grave, que concluida aquélla las formas de vida anterior jamás pueden ser restauradas.

Con­secuencia: las trasformaciones colectivas determinadas por la guerra son irreversibles, pues una vez producido el cambio no se puede volver a la situación previa, al orden anterior. La guerra, en fin, obliga a substituir las formas evolucionadas de la vida social por otras más primitivas: la fuerza, naturalmente, substituye poco a poco al derecho.

Nos encontramos en plena guerra psicológica en la que los resortes del control de masas se encuentran en manos del enemigo con una experiencia tremenda en su uso, fruto de las técnicas utilizadas por los Países comunistas.

Que nadie se engañe: La guerra no ha terminado.

Tte Coronel Area Sacristán ( El Correo de España )