LA HERIDA DE ESPAÑA

Los políticos creen que no hay que confundir la verdad con la sinceridad y que, aunque la verdad tiene mucho prestigio, nadie acierta a definirla. Además, los que se dicen portadores de la verdad han sido seguidos por fanáticos.

Esa idea según la cual en los países anglosajones no se permite la mentira es un cuento. La mayoría de los presidentes de Estados Unidos -desde Eisenhower a Trump, pasando por Nixon o Clinton– fueron unos redomados embusteros. Para engañar bien es necesario talento y la retórica política es la forma más antigua y brillante de mentir. Para decir la verdad en los discursos de los parlamentos y los mítines electorales tendría que haber conformidad entre los que se piensa y lo que se dice, pero eso es muy arriesgado.

Hubo míticos y heroicos buscadores de la verdad, como Ibn Battuta, el Marco Polomusulmán, que recorrió en barco, en camello, unas veces a pie y otras andando, hasta 120.000 kilómetros, salvándose de los ataques de los piratas, de los espías, de los creyentes. Para Ortega, es el símbolo del buscador de la verdad. “Como Ibn Battuta -escribe-, he tomado el palo del peregrino y he hecho vía por el mundo en busca, como él, de los santos de la Tierra, de los hombres de alma especular y serena, que reciben la pura reflexión del ser de las cosas. ¡Y he hallado tan pocos, tan pocos, que me ahogo!”.

Luego llegó la posverdad y la teoría política se supeditó, aún más, a la utilidad, a los deseos, a la razón de los partidos. En España alcanzó ese meteoro al separatismo catalán, una acumulación de obsesiones más que de ideas, con su gran falacia de que la democracia es votar.

De la búsqueda de la verdad orteguiana y de la falsificación del nacionalismo trata el espléndido libro de Ignacio CamachoCataluña, la herida de España. Los nacionalistas han ido mucho más allá de la mendacidad aceptable en política. “Todo era -escribe- una inmensa mentira que, sin embargo, ha abducido a la mitad de la sociedad catalana”.

Ignacio Camacho, la maestría en la escritura, la más alta lucidez del análisis político, hace un retrato despiadado de la farsa nacionalpopulista. En declaraciones a Karina Sainz Borgo (zendalibros.com), dice que el conflicto de Cataluña es cíclico, se repite una o dos veces por siglo. “La guerra de secesión no fue tal, fue una guerra de sucesión. Todo es una falacia construida desde el narcisismo”. Enumera los casos de deslealtad y piensa que la crisis de Cataluña es de naturaleza nacionalpopulista; es decir, se basa en la superchería y la creación de un enemigo artificial a partir de un bulo mitológico. “La revolución de la sonrisa era en realidad la revolución de la mentira”.

Raúl del Pozo ( El Mundo )