LA HIEL Y LA MIEL

Administra estos meses Ciudadanos la desfallecida astenia y el shock traumático que le dejaron el batacazo electoral de noviembre, un derrumbe que se llevó por delante al fundador y líder del partido, hoy empleado en un despacho de abogados. Solo unos meses antes se veía Rivera como líder indiscutible del centro-derecha español, con la expectativa personal de alquilar La Moncloa.

Las encuestas lo encumbraban y él llegó a creérselo. Pero ni una cosa ni otra ocurrieron en las elecciones de abril, en las que, eso sí, condujo a Ciudadanos a un crecimiento exponencial pisando los talones al PP con 57 diputados en el Congreso, récord histórico de la formación naranja. Seis meses después, tras otras urnas, solo le quedaron 10

 de esos 57, prueba inequívoca de la evanescencia de la «nueva política», que te lleva del cielo al infierno en un pestañeo. El 10 de marzo de 2019, Rivera celebraba eufórico y con lágrimas en los ojos su candidatura a la Presidencia del Gobierno; ayer Cs elegía su relevo: Inés Arrimadas.

En el lado opuesto, donde uno sonríe, hallamos hoy a Vox, que saborea estos meses una etapa de auge que le hizo crecer de abril a noviembre pasados hasta un cinco por ciento en las urnas, a escalar al tercer puesto del ranking nacional y a más que duplicar su número de diputados en las Cortes, hasta los 52.

Podemos, por seguir con la nueva política, también ha pasado por la miel y la hiel en un suspiro. En 2016, Iglesias comandaba a 71 diputados y tres años después, en abril de 2019, le quedaban 42, que aún serían siete más que los que consiguió en las últimas elecciones, donde se quedó en 35.

Pero a veces, cuando todo parece crepuscular y que la partida se acaba, la fortuna te da una bola extra y, con el peor resultado de su historia, con fugas, purgas y destrozando tu coherencia ideológica y discurso (esa mudanza al chalé), te da para entrar en La Moncloa, claro que para eso has de hallar a alguien con las tragaderas de Sánchez, que son más grandes aún que las ganas de montarse en el Falcon.

Conviene, por tanto, que nadie eche las campanas al vuelo ni ponga cara de tanatorio antes de tiempo. La evanescencia del momento político desaconseja hacerse demasiadas ilusiones pues rápidamente te coloca en el lugar de la lechera del cuento, antes y después de que cayera el jarro.

Hace nueve meses, aquel triunfal Rivera tenía hasta cinco diputados más de los que hoy tiene Abascal y parecía empujado por el mismo viento de cola que impulsa ahora al líder de Vox. Todo va muy deprisa, a sorbos de miel o malos tragos de hiel.

Álvaro Martínez ( ABC )