Se me llena la boca de mierda al nombrarla y las manos se me quedan frías como navajas al escribir su nombre, pero es una penitencia que debo cumplir. Se llama Carmen Flores y es la hiena comunista que, desde la alcaldía de Aguilar de la Frontera, ha ordenado arrancar la Cruz que iluminaba a este pueblo cordobés. Ha arrancado la Cruz y la ha arrojado a un vertedero como se tira una inmundicia.

Carmen Flores es una erupción de odio. Es una bestia comunista, el recipiente de todos los crímenes perpetrados con la hoz y el martillo contra la Cruz que se alzó en el CalvarioCarmen Flores, heredera y discípula de los que fusilaron a Cristo en el Cerro de los Ángeles, vive amortajada en sus espejismos revolucionarios que bailan sobre la sangre coagulada de sus cientos de millones de víctimas, como se mece la soga en el escotillón de la horca esperando la gravidez del mártir que la tense.

No hubo ni habrá Cruces para ellos, solo el polvo del silencio y el hielo del miedo sobre los osarios del genocidio comunista.

Por eso las hienas comunistas como Carmen Flores, que son las mascotas de los asesinos de la libertad y de la dignidad de los hombres, arrancan las Cruces y las arrojan a los vertederos buscando el olvido y el silencio que se maman de las ubres del miedo y que convierten a los hombres y a las naciones en rebaños de Gulag, que en el apoteosis de la esclavitud creen alcanzar el éxtasis de la libertad arrancando Cruces y profanando tumbas, quemando iglesias e irrumpiendo desnudas, como las putas de Babilonia, en la Eucaristía sacándose rosarios de la vagina y vomitando consignas de burdel contra la Madre de Dios y contra su Hijo martirizado en la Cruz.

¿Y nosotros? ¿Qué hacemos nosotros? Hay ausencias que sólo se revelan por sus consecuencias: la impunidad de las hienas comunistas como Carmen Flores.

Ausentes y atrapados en un cepo de cobardías, merecemos la respuesta de Cristo a Ahasverus, el judío errante que le negó un cazo de agua a Jesús camino del Calvario, increpándole “¡anda, anda y vete!”. El Nazareno, flagelado y sediento, cargado con la Cruz que Carmen Flores ha arrancado, le contestó: “Yo ando porque debo morir. Tú, hasta mi vuelta, andarás sin morir”.

Así andamos nosotros, como zombis errantes, por negarle un cazo de valor y lealtad a la Cruz y colmar los cálices de los comunistas con nuestro silencio y nuestro miedo.

Con nuestra tibia cobardía.

Eduardo García Serrano